Disgusto, objetos arrojados al terreno de juego, golpes y heridos, eso fue lo que dejó el séptimo partido de la serie semifinal entre Chiriquí y Bocas del Toro.
El partido terminó en el octavo episodio con un equipo chiricano que decidió no jugar más. La razón: una decisión arbitral que tanto cuerpo técnico como jugadores de esa novena consideraron injusta y que, al final, acabó con la ilusión que ellos y sus fanáticos tenían de clasificar a la Gran Final del LXVII Campeonato Nacional de Béisbol Mayor.
El final polémico ocurrió por una interferencia ofensiva decretada en la parte alta del octavo episodio (ver infografía).
Esto motivó fuertes reclamos entre el cuerpo técnico de Chiriquí y los jugadores, quienes no aceptaban la decisión, ya que no marcaba una anotación que representaba el empate a tres carreras en ese momento.
Algunos fanáticos chiricanos observaban con enojo lo ocurrido y comenzaron a arrojar botellas plásticas, vasos desechables y demás objetos al terreno de juego.
Una vez que el conjunto chiricano decidió no salir al terreno y que el árbitro jefe, Fermín Batista, cantara el “forfeit” o inasistencia que le dio el triunfo a Bocas del Toro, los ánimos se caldearon aún más. Los golpes llovían por todas partes y los empujones eran constantes. Hubo tal trifulca que los 30 agentes policiales presentes en el estadio no pudieron controlar la turba.
Por ello fue necesaria la presencia de Unidades de Control de Multitudes, quienes arrojaron gas pimienta para calmar la situación. Dos personas arrestadas y varios heridos fue el resultado de esos hechos que esperamos no vuelvan a repetirse.