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¿Qué pasa?


Sí por él fuera, sin ningún asco, la Casa 30 se convertiría en un cóctel de fósforos y gasolina. Así sería el Día del Juicio Final para esa guarida de maleantes.

Ese era su pensamiento. Más ahora, cuando en plena calle, siente un calambre frío y algo tibio que le corre por la espalda. Se vuelve y ve a uno de los habitantes del antro, que cuchillo en mano le grita:  ¿ Me recuerdas?

¡Cómo no recordarlo! La semana pasada, con un madero 2 x 4 él impidió que el malandro asaltara a una billetera. Al recogerlo la policía, el delincuente prometió vengarse. Él no le hizo caso y hoy, el malhechor vino a cumplir su promesa.

 

Él lo atacó con su propio acero. El malandrín huyó. Él lo persiguió. Tras ellos iba una multitud curiosa. Incluso un policía que mientras corría preguntaba:  ¿Qué pasa?

La carrera no fue muy larga. El truhán encaminó sus pasos a la Casa 30 y se detuvo en el zaguán. Él, debilitado por la herida y la carrera, entró sin pensarlo. De la multitud que los seguía ni uno entró, ni siquiera el policía que ahora no se le veía.  Él avanzó hacia el sonriente forajido y, de nuevo los calambres en la espalda, se volteó y vio como lo rodeaban, luego no vio más. Tampoco la multitud vio nada ni el policía que desde afuera preguntaba: ¿Qué pasa?


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306697
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América