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¿Qué personaje literario querrías ser?

“Sólo ambiciono volver. Ver de nuevo el sol de Itaca” Homero, Odisea


El suplemento “Babelia” de El País (España), preguntó a varios escritores qué personaje de novela les hubiera gustado ser. Las develaciones fueron Comme ci, comme ça.

Vila-Matas eligió a Jakob von Gunten, personaje de Robert Walser, profesor en un instituto donde enseñan a los ciudadanos a ser unos rotundos don nadie. Es lo que él escogería, y afirma, con su humor agridulce (esta vez más agri que dulce): «Me contento con decir que yo soy Jakob von Gunten al servicio de ustedes»

A Javier Marías le gustaría ser Sherlock Holmes porque «es una persona inteligente que vive en permanente alerta, captando lo que piensa la gente».

 

Si me hubieran preguntado (que no lo hicieron, pero tampoco me pidieron silencio) hubiera coincidido con Ángeles Caso, escritora española, ganadora del Premio Planeta con “El peso de las sombras” (físicamente parecida a mi amiga Irina). Se declara admiradora de Ulises, el de Homero, «porque tiene un valor extraordinario y enfrenta catástrofes sin perder coraje».

Yo también admiro a Ulises, desde que leí Odisea siendo niño (grande, compré y leí el otro Ulyses de Joyce, esperando encontrar modernas aventuras y tropecé con personajes que no salen de Dublin, que navegan en un mar de palabras sin sirenas pero llenas de vida. No pienso unirme a ellos, por más que congenie con Bloom, y admire el nombre de Stephen Dedalus.

Prefiero ponerme los livianos coturnos del “Divino” Odiseo, y escuchar a Aquiles en el Infierno: «¿Ahora qué guerra me pides que libre?» ¡Relámpagos! Quiero ser ese Ulises temerario que ciega a Polifemo, que osa escuchar el canto de las sirenas, que abraza a la poderosa Circe y sobrevive a la venganza de Poseidón. Quiero tener en mi poder la bolsa de los vientos, descender al Hades para darle de beber a mi madre y ser el favorito de una diosa (nada menos que Atenea); quiero darme el caché de rechazar la inmortalidad para no confinarme en una isla con una mujer que puedo poseer, pero no amar.

 

Quiero llegar a tiempo a mi hogar para rescatar a mi esposa de sus ávidos pretendientes y acaricar a mi perro antes de que muera. Pero lo máximo para mí sería ser testigo de la fidelidad de mi mujer, que acepta mi abrazo solamente cuando describo el lecho conyugal y, esto es muy importante, no hace ni un solo reclamo por mis aventuras.

¡Ah, quiero tu suerte, Ulises!


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609629
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América