Bajé las escalares desde las gradas para refrescarme con una deliciosa gaseosa en la mitad de tiempo. Estaba un tanto alicaído y preocupado. Todo en contra: el tiempo, la historia y la presión. Necesitábamos algo más que estrategia y suerte para superar la barrera de los 3 goles de diferencia en 45 minutos. Y así fue.
Ese "algo" lo definió perfectamente el técnico uruguayo del elenco criollo, Miguel Angel Mansilla. En la conferencia de prensa lo dijo claramente: "amor propio".
Un "amor propio" que no se puede cuantificar, ni mucho menos explicar. Siempre está latente en el ser humano, pero se hace más evidente en momentos como en la tarde del 21 de mayo de 2.000.
En sólo 45 minutos los pupilos de ese uruguayo que vistió la camiseta celeste acabaron con los pinoleros, utilizando como punta de lanza ese "amor propio" que tuvo como soporte un fútbol que hasta ese momento le era ajeno.
Fue una tarde histórica, inolvidable e irrepetible. Cuando subí nuevamente por las escaleras para dirigirme al palco de prensa "José Bech" percibí un ambiente cargado de euforia y expectativa. Un sentimiento reinante de que podrían realizarse los 4 goles. Y así fue.
El primer gol de Julio Dely Valdés desnudó el alma de las 30 mil personas que colmaron el Rommel Fernández. La segunda diana, obra de su hermano Jorge, dio inicio a un verdadero carnaval, que tuvo como himno un "sí se puede".
Un cántico que comenzó a tomar forma con el tercer gol. Un gol de antología que nació en los pies del delantero Neftalí Díaz en casi la mitad del terreno y culminó en el fondo del arco que protegía desesperadamente la "Pantera" Dany Téllez.
A falta de 7 minutos para culminar las acciones llegó lo que todos los panameños ansiábamos: el cuarto gol que colocó a Panamá ganadora del grupo B y envió a Honduras, considerada la mejor selección del área centroamericana, al "repechaje" contra Haití.
Lo que sucedió en ese instante y a partir de ahí no se puede explicar con palabras. Había que estar en el coloso de Juan Díaz. El "ver para creer" alcanzó su plenitud ayer en la tarde en el Rommel Fernández, a quien los jugadores le dedicaron con estima y amor tan importante partido.
Después vino la conferencia de prensa. Sólo estuvieron presentes los dos Dely Valdés y el estratega de Panamá, Miguel Mansilla. Ningún representante de Nicaragua, ni tan siquiera el técnico Mauricio Cruz, que tanto hablo antes del encuentro.
Un director técnico que comparó sin temor a equivocarse a dos de los mejores delanteros del área, los colonenses Dely Valdés, con los menos afamados hondureños Carlos Pavón y "Tyson" Núñez.
Sin tan siquiera hubiese tenido el profesionalismo de presentarse a la conferencia de prensa, para explicar un sinnúmero de preguntas que con ansias guardaban los periodistas presentes. No fue así. Prefirió obviar el asunto y desaparecer lo más rápido posible del glorioso Rommel Fernández.
Por lo menos y a pesar de una dolorosa derrota el pasado 2 de abril, el técnico de Honduras, Ramón "Primitivo" Maradiaga, se hizo notar en la Biblioteca del Rommel, al igual que lo hicieran los panameños en Tegucigalpa después de caer 3-1.
Ahora viene lo mejor. Estamos entre los doce mejores equipos de la región. Se necesita pulir aún más a este grupo de jugadores que cuentan con un potencial enorme. Si Panamá se dispone a jugar como lo sabe hacer considero que causará más problemas de los que ya hizo. Si no, pregúntenle a los catrachos.
¡Que venga México! Ese primer rival que enfrentará una inspirada selección en las semifinales de la Confederación de Fútbol. Mejores días nos esperan.
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