No cabe duda que la elección donde Miguel Sanchiz fue escogido presidente del Comité Olímpico de Panamá (COP) fue desastrosa. En vez de cerrar las heridas entre la dirigencia deportiva local, las abrió más.
Entre el 10-12 de abril, la Comisión Ejecutiva del COI celebrará su primera reunión del año, en Beijing, China. Allí se podría levantar la suspensión a Panamá, acontecimiento que de darse significaría un "espaldarazo" a la burla que resultó el proceso electoral organizado por el señor Sanchiz, pero que al mismo tiempo daría "tranquilidad" a los panameños que esperan ver, el 18 de agosto próximo exactamente, al saltador Irving Saladino convertirse en el segundo panameño en colgarse una medalla olímpica, tras 60 largos años de espera.
El hecho que el mexicano Mario Vázquez Raña, uno de los pesos pesados del olimpismo mundial, solicite el levantamiento de la suspensión, la próximo semana, no será una señal de que los problemas en el Movimiento Olímpico panameño cesarán. Al contrario, van a seguir y no terminarán hasta que haya un proceso electoral serio, diáfano, sin "juego sucio", en el que cada una de las federaciones y comisiones deportivas, debidamente constituidas, ejerzan su derecho a voz y voto en el COP.
Queremos ver nuestro Pabellón Nacional ondear en la capital china, lo que no deseamos es ver a mediocres y sinvergüenzas dirigiendo a una entidad tan importante como lo es el COP.