Hace cuatro años, cuando el negocio de la hípica estaba en agonía, los dueños de caballos llegaron a un acuerdo con la empresa Hípica de Panamá S. A. (HDP).
El pacto, que también es avalado por el Estado, es amplio y en él se acordaron desde las tablas de premios hasta la ocupación y uso de los establos.
Sobre esto último, una de las cláusulas señala que “...los gastos de electricidad... por motivo del uso de los establos, correrá por cuenta de HDP, siempre que el uso... por parte de los dueños sea razonable, según criterio de HDP”.
Resulta ser que el gasto se ha disparado y a pesar de que se hicieron advertencias sobre el particular, el consumo rebasó lo “razonable”, lo cual dio lugar a que se instalaran medidores en los establos, con el propósito de fiscalizar a aquellos que sobrepasaran el subsidio de hasta 1,000 kilovatios que da la empresa.
Así se hizo, pero al parecer, el despilfarro continuó y los pagos nunca llegaron a la administración, con lo que hace dos días - previa advertencia - se procedió a los cortes.
Es justo señalar que el subsidio ha ido “in crescendo”. Primero fue de 600, después 800 y está por los 1,000 kilovatios.
Hay que ser justos. Si se suscribe un contrato o compromiso, lo civilizado, lo varonil es respetarlo, y si es necesario modificarlo, debe ser de manera negociada.
No tiene la razón el que más grita y amenaza, sino quien sustenta sus derechos sobre bases legales y, en este caso, hay un contrato de por medio que fue suscrito con la aprobación de la mayoría.
Así que sean serios y no permitan que el apagón les nuble la capacidad de razonar, porque vienen asuntos más importantes que pelear.