La situación en que se encuentra el deporte nacional, específicamente el Comité Olímpico de Panamá (COP), se podría definir fácilmente como un partido de fútbol.
En los primeros 45 minutos Miguel Sanchiz y los miembros del COP disparaban a mansalva contra la portería protegida por el gobierno. Tantos fueron los disparos que en muchas ocasiones hubo jugadas de peligro que por poco terminaban en gol de parte de los peligrosos delanteros del COP.
Al término de los 45 minutos, el descanso era eminente, el técnico dio nuevas instrucciones de cómo contrarrestar el ataque de los delanteros rivales y de cómo quitarles la pelota y crear peligro en el área ajena.
El árbitro pita el arranque de la segunda mitad. Y el equipo del gobierno, que en el primer tiempo era dominado, quita y maneja el balón a placer. El dominio es tanto que de un solo disparo han puesto a temblar a más de uno.
Es claro que el que maneja el balón, en el tema olímpico, en este momento es el gobierno, a tal punto que han silenciado a unos cuantos “gritoncitos”, de un sólo zapatazo.
Seguramente, los del COP miran con miedo el contraataque de los gobernantes, que desde un principio pidieron que se arreglaran de manera pacífica el tema de los Juegos Bolivarianos.
Si pensaron que la carta olímpica y Jaques Rogge los iba a salvar de lo que se viene, están bastante equivocados.