Quién se llevó mi queso es una fábula que trata sobre los cambios que se dan en nuestras vidas y relata cómo debemos entender que existen situaciones dónde cambios pueden trastocar nuestra estabilidad y que solo los que se den cuenta de estos cambios y sean capaces de adaptarse, podrán salir adelante.
Traigo a colación esta fábula porque para el caso de la hípica, después de conversar con algunas personas, me he dado cuenta que hay mucha preocupación.
Las personas buscando alternativas, han emigrado a otras latitudes, otros han optado por dedicarse a otras actividades, o de forma compartida trabajan en las mañanas en hipódromo y en la tarde tienen otras ocupaciones, tratando de ajustar sus entradas. En otras palabras aunque nos encanta la actividad, hemos tenido que buscar alternativas reales. Pero conversando con otras, estos han optado por una postura sumisa, prefiriendo recibir una cantidad muy reducida en cuanto a premios, que no percibir nada. Yo respeto sus posición, ya que solo el que carga el cajón sabe cuánto pesa el muerto.
En opinión se debe de luchar por mejorar la situación y no quedarnos de brazos cruzados. No es posible que la empresa operadora no entienda que en 2001 corrimos por 5.2 millones de dólares, y ya las cosas estaban mal, y eso que en ese entonces figuraba el estadounidense Jim Wilson, y creo que todos coincidimos que fue un periodo muy negativo para nuestra hípica. O es que Wilson no era tan "chambón". Ya que ahora para el 2005 estaríamos por el orden de 2.5 millones anuales. ¿Quizás sea mejor buscar a Wilson de nuevo, ya que por lo menos el respetó no bajar de 4.2 millones de dólares anuales.