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Quincy Troupe, amigo de Miles Davis visitó Panamá

Pero lo harían ya cautivados por el encanto y la fuerza expresiva del autor de The Architecture of Language, un libro de poemas que había recibido en 2007 el Premio Paterson por su indiscutible calidad literaria.


¿Quién fue Miles Davis?
  • Datos: Nació en Illinois en 1926 y murió en Santa Mónica en 1991. Su nombre completo era Miles Dewey Davis III, pero se le conoció como Miles Davis.
  • Profesión: fue un trompetista y compositor de jazz. Es una de las figuras más relevantes e influyentes de esta tipo de música. La carrera de Miles, que abarca cincuenta años, cubró la mitad del siglo pasado.

Nos conocimos en 2008, en Granada, Nicaragua. Quincy había llegado al Festival Internacional de Poesía de esa ciudad con su esposa Margaret, precedido por su fama de gran poeta, performer, biógrafo y guionista de cine. Yo formaba parte del grupo de poetas jóvenes que, además de leer poesía en los más disímiles escenarios (plazas, mercados municipales, cárceles, calles...), calibrábamos el oído para dejarnos seducir por la música de las palabras y transfigurar por su profundidad, en los versos de algunas de las más brillantes luminarias del arte poético mundial, que hacían vibrar a las multitudes en más de una docena de idiomas. Ese año también estarían presentes los inolvidables Roberto Sosa (de Honduras) y Ledo Ivo (de Brasil), ya fallecidos, y Diana Bellessi (de Argentina), quien había recorrido en sus años de juventud todo el continente americano en busca de aventuras y lenguaje y con quien sostuve una larga y amena conversa en nuestro vuelo de regreso a casa. Y como ellos, muchos, muchos otros oficiantes consagrados de la poesía se dieron cita en una fiesta de la palabra en la que se homenajeaba al poeta nicaragüense Salomón de la Selva.

Granada:
poetas como insectos

 

Entre los poetas rusos, chinos, finlandeses, australianos, brasileños, caribeños e hispanoamericanos, la voz de Quincy Troupe se hizo notar desde la noche inaugural, mientras leía un poema de largo aliento que tenía ritmos narrativos y sonidos aliterados que creaban una intensa conexión con el público. Nacido el 22 de julio de 1939, en St. Louis, Missouri, Estados Unidos de Norteamérica, él leía sus versos en inglés. Un inglés muy musical e imantador. Su lectura iba acompañada por su gestualidad performática. Y de la suma de ambas cosas se condensaba una atmósfera de rotundo silencio. El público, en su mayoría hispanohablante, esperaba con ansias la traducción para enterarse un poco más. Pero lo harían ya cautivados por el encanto y la fuerza expresiva del autor de The Architecture of Language, un libro de poemas que había recibido en 2007 el Premio Paterson por su indiscutible calidad literaria.

El Festival de Granada tiene una hermosa tradición. Para su día de cierre, seleccionan a los poetas que leerán sus poemas en un desfile temático que va desde la esquina 1 hasta la 11, correspondientes a las calles del mismo número ?(o algo así; perdónenme, ¡han pasado ya seis años!)? y, de allí, al Lago Cocigolca. En nuestro año, se trató de el Entierro del pesimismo. Tuve la suerte de leer en una de esas esquinas. Quincy, por supuesto, también sería uno de los seleccionados. Si se mira bien, es todo un honor, puesto que, entre nacionales y extranjeros, podemos estar hablando de cien poetas o más. Y apenas un reducido grupo logra subir, por turnos, al carruaje que sirve de podio y desde allí lanzar su poesía a las calles llenas de gente. Quincy volvería a hacer de las suyas en este recorrido. Solo que esta vez recitaría su poema de memoria. Un breve poema cuyo cierre lascivo nos dejaría impresionados a muchos. -Vaya poema que te tiraste, recuerdo que le dije, felicitándole. Y él: -Sí, corto, poderoso y caliente... Un poema para la calle. (Risas).

 

Entre lecturas y viajes a los municipios aledaños, Quincy y yo nos volveríamos a ver de lejos o de cerca en múltiples ocasiones. En las isletas del Lago Cocigolca nos tomaríamos la foto de despedida. Nos vimos por última vez en el aeropuerto de Managua. Allí intercambiamos datos y me invitó a enviarle un poema traducido al inglés para su revista Black Renaissance Noire, del Instituto de Estudios Afroamericanos de la Universidad de Nueva York. Así lo hice. El poema apareció bajo el título de When he is gone en el volumen 8 de este prestigioso journal de poesía y arte. La traducción la haría Javier Medina Bernal, mi sobrino, hoy Premio Miró de poesía y cuento. Se trata del poema que hace las veces de prólogo a mi libro elegíaco, La hora de tu olvido, dedicado a la memoria de mi padre.

Panamá:
libros, café Y Miles Davis

 

Pasa poco más de un lustro. En febrero de 2014 recibo un correo electrónico del poeta comunicándome que estaría unos días en Panamá, junto a Margaret, y que le gustaría invitarme a una charla privada que tendría en casa de su amigo y editor Clyde Taylor, retirado en nuestro país. En esa charla hablaría de su estrecha y singular amistad con la leyenda del jazz Miles Davis. Fue más que una grata sorpresa.

-Si no puedes venir a la charla, tal vez podrías venir antes para vernos y conversar, me dijo. -¡O podrías hacer ambas cosas!

 

-Haré las dos, le dije. Prefiero que nos veamos antes para poder hablar y ponernos al día, porque, cuando estemos en la charla, habrá más gente y ya en tu papel de Rock Star de la noche será más difícil cruzar palabras contigo. Él se rió, porque es lo que usualmente ocurre en sus presentaciones, masivas o íntimas. Su imantación es tal, que adquiere un estatus de personaje mítico, casi inalcanzable. Y, claro, todos quieren hablar con él. Darle un apretón de manos. Pedirle un autógrafo. Preguntarle si vive de la poesía y cuánto gana (¡Vaya gente indiscreta!, se queja)... Qué se yo, esas cosas.

De modo que lo visité antes. Y nos fuimos de café, él, su esposa, Teresa (mi pareja) y yo. Antes de salir, intercambiamos libros. Yo le di un ejemplar dedicado de Pasaba yo por los días y el CD de Los versos del duende. Él, por su parte, me entregó Miles and Me, que prometió firmarme en el auto. (Cosa que hizo; es hombre de palabra.) ¡Le urgía patear calle! Ese trabajo, del que leería fragmentos el día de la charla, ha sido catalogado por el crítico Ishmael Reed como Brillante, poético, provocativo; mientras que Larvester Gaither nos ha dejado esta frase de elogio en la contraportada: Se ha dicho que Miles Davis fue un gran poeta en su instrumento. En una vena similar, se puede decir que Quincy Troupe es un gran instrumento en su creación poética. Libro, pues, que este especialista ha calificado como una honesta, seria y muchas veces hilarante memoria de su cálida y afectuosa amistad con Miles Davis.

Durante su intervención, Troupe leyó trozos del prólogo y el epílogo de esta obra de no ficción que ha sido traducida a 20 idiomas y se encuentra entre los principales de . Contó las anécdotas de sus primeros encuentros con Davis, el genio del jazz que detestaba la palabra jazz. Primeros encuentros fuera de norma, inusuales a más no poder, anticlimáticos, incluso agresivos. Miles, según nos dijo, fue un hombre de excesos, un ser indómito de extraños comportamientos e intensas miradas, quien, pese a usar lentes oscuros como si fueran sus ojos, podía hacerse sentir con una penetración visual fulminante agravada por su silencio. Nada de lo cual impidió que fuera creciendo, entre músico y poeta, una amistad entrañable. Troupe vería de cerca cómo Davis dejaba atrás el mundo de los excesos en pos de no se sabe qué paz, qué sueño, qué despedida.

bestsellersLos Angeles Times

A continuación, el poeta de St. Louis leyó tres poemas de largo aliento, el último de ellos alusivo a una pintura cuyo protagonista es el llamado patrón del mal, Pablo Escobar Gaviria. La obra lo impresionó tanto durante una visita a Medellín —en el marco del Festival Internacional de Poesía que allí se celebra, y cuya motivación principal ha sido erradicar la violencia, alguna vez orquestada por este tipo de personajes infames— que se sintió impelido a dejar constancia poética de ello.

Sobra decir que su fuerza y capacidad de comunicación fueron las mismas que le conocí en Granada. Quienes tuvimos el privilegio de escucharlo y departir con él en una tertulia amena, a ratos acalorada y a ratos digresiva, pero siempre estimulante, salimos, estoy seguro, un poco más transfigurados. Misión del poeta: la transfiguración propia y de los otros. Misión cumplida a cabalidad, sin duda. Allá, era una Estrella ante las multitudes. Acá, un Amigo centelleante entre los amigos.

Terminada la charla, hablamos un poco más sobre uno o dos proyectos que habíamos urdido en días previos. Le prometí regalarle, en señal de gratitud, esta franca y sencilla crónica personal de su visita. Me prometió volver a Panamá.

?Más te vale, le dije.

A ustedes les digo: Léanlo. ¡Vale la pena conocerlo!


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919778
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América