Poco a poco tu país se está convirtiendo en una especie particular (de alguien) de cosa innombrable. Mucho cemento vertical, mucho asfalto y alquitrán a lo largo de las importantes carreteras. Es abrumante la cantidad de proyectos que sin duda es progreso, abundancia, desarrollo, crecimiento. Sí, me dice el vendedor de raspao, pero ¿para quién?
Las preguntas suelen ser peligrosas cuando son tan categóricas que llevan en la entraña la respuesta con un poco de saliva venenosa. Las preguntas a veces duelen, y más que la verdad, porque saben que, aunque haya respuesta, no la recibirás, sino como la píldora dorada. Preguntar, pero las preguntas adecuadas, las que exigen verdad de la contraparte te puede costar. Me siguió conversando el “ejecutivo” de sirope y hielo.
Me dio la pálida. Cómo voy a responder o a defender algo que yo no entiendo…
“La publicidad abrumadora del Gobierno nos gana la voluntad y la conciencia por saturación; el cinismo con que algunos funcionarios defienden los desaciertos de la administración, torciendo la información como un trapeador de mota usado”.
De maracuyá, le dije, mientras miraba “para otro lado” y me alejé de prisa, no fuera contagioso ese virus de preguntar. Uno nunca sabe…