Como era de esperarse el ambiente hípico se revolvió ayer después que expusiéramos, con la sinceridad de siempre, nuestra opinión sobre la participación de El Provinciano en el clásico Presidente y el culillo (miedo o susto, según el diccionario) que ha provocado entre los interesados en “competir” en el evento.
Las dos primeras reacciones llegaron mediante dos llamadas a nuestro celular. La primera, en franca oposición a la participación del El Provinciano, tuvo como parte central de su mensaje que “haré todo lo posible” para que no corra. La segunda llamada, que favorece la llegada del hijo de Chiquetete, consideró que “pusiste los puntos sobre las ies”.
Quienes se oponen a la participación de El Provinciano solo han presentado dos razones: que el caballo y su equipo se va llevar el dinero de los panameños y la otra, que teóricamente es superior a los posibles candidatos locales. Quizás tengan razón, pero sus motivos son mucho menos fuertes que las motivaciones hípicas y deportivas que planteamos los periodistas, apostadores y esa gran mayoría de gente que está hastiada de ver más de lo mismo.
La oportunidad para seguir con el proteccionismo anacrónico que por años imperó en todos los niveles de la hípica, la tuvieron al momento de confeccionar el calendario de clásicos en donde simplemente debieron incluir la disposición que exigía a los participantes importados que estuvieran en el país seis meses antes o permanecieran en él seis meses después de participar en carreras con remuneraciones elevadas como la que nos ocupa.
Pero, como lo declaró ayer el gerente general del hipódromo, no debemos renunciar a nuestro orgullo hípico nacional ni a nuestra historia, pero tampoco podemos quedarnos encerrados.
Es obvio que la mayoría de los que difieren con nuestro punto de vista sobre el tema no tiene muchos argumentos para justificar su obstinación en el sentido de obligar a los hípicos a ser conformistas, todo porque ellos le tienen culillo a un caballo que seguramente va recibir guante aquí ante la premura de tiempo y espacio que se le presentan en relación a la fecha y las condiciones de la carrera.
Para clásico Año Nuevo de este año (hace cinco meses) nadie hizo bulla cuando un caballo llamado Othelo, que también vino de Perú, no cumplió los siete días de la cuarentena, entró al hipódromo y participó en el evento. Pudiéramos pasar la semana entera mencionando ejemplos de este tipo, pero no viene al caso.
Es una lástima que por vendutas personales se quiera privar a las mayoría de ver una película distinta. Qué nos importa a los periodistas, a los apostadores, a los aficionados, al panameño común, si la traída El Provinciano es un negocio particular o si después de la carrera lo van a emplear para hacer embutidos.
Lo que queremos y tenemos derecho, es a escoger, a pensar y a discernir; para ello no necesitamos ayuda ni consejos...Y dejen el culillo...!