El aeropuerto internacional de Tocumen estaba abarrotado de personas. Todo el mundo estaba a la expectativa del aviso de la llegada de los máximos campeones, un equipo de gloriosos beisbolistas que sin mucho respaldo volvió a hacer realidad otra gran hazaña.
A eso de las 8:40 p.m. se dio el aviso oficial: "¡Ya llegaron!". De repente, la melodía de las vuvuzelas llenó el ambiente de música, las incontables pancartas daban aviso de que pronto estaban por recibir a unos campeones; familiares y amigos aplaudían y alzaban vítores en la zona de espera. Los protagonistas de esta historia ya hacían su entrada en medio de un caluroso recibimiento con abrazos, besos y lágrimas de emoción.

El equipo panameño de niños que se consagró campeón panamericano del béisbol sub-10, en Puebla, México, era la máxima atracción del momento. Todos los chicos mostraban una inmensa sonrisa al ver a sus familiares y conocidos mover sus banderines tricolores de un lado para otro, y la alegría era tanta que nadie pudo evitar emocionarse ante semejante escena.
Las medallas de oro colgaban de su cuello y una gorra con la letra P, de Panamá, les daba un toque brillante a estos destacados guerreros.

Este fue el segundo título consecutivo que Panamá consigue en este campeonato, que concentra cada año a los mejores exponentes del béisbol infantil.
Elpidio Pinto, técnico de este equipo nacional, conversó con los medios de comunicación a su llegada al aeropuerto y dejó claro, con respecto al apoyo económico, que "el equipo ya hizo su trabajo", que fue darle la gloria al país, y que el debido aporte dependerá del Gobierno.
Durante los próximos días, estos niños serán agasajados por esta hazaña.