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Recordando bajo el árbol

‘Yo les recomiendo que busquen estos poemas y los lean y experimenten por ese camino que el poeta abre en su alma y que recorre las mismas sendas y todas las almas’.


Pedro Crenes Castro (diad@epasa.com) / PANAMA AMERICA

L legué al poeta hondureño Roberto Sosa (que me sonaba a pelotero dominicano) mientras que hacía mi particular viaje por la península soñada acompañado de los versos de mi amigo Salvador Medina. Su poemario “Viaje a la península soñada” me acompañó en mi tránsito por el valle de sombra de muerte que un tiempo habité. Aquel poemario versátil y fluido, lleno de hitos y reverberaciones del alma arranca con un verso de Sosa que dice: de la nostalgia por lo que perdimos/ iremos construyendo un sueño a piedra y lodo.

Aquel verso de construcción de la memoria me ha seguido callado, escondido en una grieta del alma para asaltarme en estos días. “A piedra y lodo”, así me gustaría llamar a estos encuentros fabricados de letras y distancia con todos aquellos que reconstruyen su memoria leyendo y juntando letras con las cuales levantar un sueño.

El poema al que pertenece el verso citado, “Bajo un árbol”, es un canto a los vencidos, a los que les podrán arrancar la vida pero no su memoria ni su capacidad de revivir las cosas buenas y las no tan buenas en un lugar del alma. Aunque el poema termina señalando a la muerte no me resigno a creer que más allá no tengamos más soles, infancia y lágrimas para recordar.

Todos tenemos derecho a levantar una casa donde habitar con nuestros recuerdos, a construir un sueño con los materiales de la tierra, a piedra y lodo, sosteniendo una lucha con el olvido, optando por lo telúrico y primigenio, por lo esencial, para construir nuestro lugar en el mundo.

Todo lo dicho, esa construcción, nos lleva a la identidad. No recordar es no ser, no sentir las nostalgias (porque hay muchas), es condenarse a no saber quien se es y de alguna forma es negarse a emprender el viaje hacia la península soñada, viaje que es siempre un regreso como en el poemario de Salvador Medina, un retorno a la semilla como escribió Carpentier, vuelta al lugar donde todo empezó: a la infancia.

Habitamos en la memoria de otros, somos recuerdo también nosotros por eso me gustaría que al indagar en viejas revistas, programas, libros y discos nos ayudáramos a enfocar bien el pasado con la idea de saber quiénes somos, cómo éramos antes y sentirnos hoy más que nunca vivos en tricolor patrio, en incidente de cumbia o buscando América. Ya iremos desgranando la memoria.

“Viaje a la península soñada” termina con una palabra que encierra toda la intención de un alma que camina: “¡volveré!”. Expresa un deseo. Yo les recomiendo que busquen estos poemas y los lean y experimenten por ese camino que el poeta abre en su alma y que recorre las mismas sendas y todas las almas. Para los que estamos lejos y queremos estar cerca, para los que no son panameños pero adoran Panamá, para los que viven en el terruño y se les olvida de dónde vienen, para todos, estas construcciones a piedra y lodo para no olvidar el pasado, para reírnos en el presente (o llorar) y soñar el futuro.

Juntos, espero, que nos vayamos de viaje por la memoria de lo que fuimos, por la ruta del recuerdo y vencer a los olvidos, por los senderos retorcidos recorridos sin tregua desde la infancia tal como lo dijo Ricardo Miró.


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842878
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América