Los comicios electorales en la República de Panamá se llevarán a cabo en el mes de mayo de 2009. Sin embargo y, desde hace ya varios meses, se ha iniciado un proceso de actividad política que distrae sobremanera el esfuerzo cotidiano por vencer los obstáculos que enfrenta la sociedad en su conjunto.
Ante las posibilidades reales de un país como el nuestro de acceder - como señalan muchos -- al exclusivo club del primer mundo y, desde el punto de vista del aporte a la sociedad, el proceso comunicativo con que se viene dando esta intrusión forzada en el ambiente nacional, se ve abonada por un discurso retórico muy pobre que deja mucho que desear.
La comunicación política, el discurso retórico y la propaganda que emane de ellas definirán el contexto político-social que envolverá a la nación los quinquenios electorales que marcaron este inicio de siglo y serán materia de estudio histórico para las futuras generaciones de investigadores sociales.
En América Latina, con limitadas excepciones, los modelos de comunicación política se enmarcan dentro de lo tradicional. A falta de estructuras tecnológicas similares a las que están redefiniendo la actividad mediática en el primer mundo, la mayoría de los actores políticos latinoamericanos tiene que recurrir, ante todo, a la actividad "cara a cara" con los electores. Y en aquellos escenarios en donde existe infraestructura adecuada para la difusión masiva de los mensajes, la propaganda y publicidad política, aún juegan un papel determinante en el ejercicio de influencia político social. Eso en cuanto a lo tecnológico. En lo retórico, un discurso más agresivo, profundo y desafiante del contexto social y político de algunos de nuestros pueblos latinoamericanos (independientemente de las plataformas ideológicas), viene definiendo el modelo de comunicación política en la aparente búsqueda de mejores condiciones de vida para todos.
En Panamá, el comportamiento infantil, la conducta oportunista, la falta de profundidad intelectual y la nublada visión de futuro que muchos políticos exponen, debe llevarnos a dudar seriamente de sus motivaciones. Muchas de las articulaciones retóricas y el proceso comunicativo empleado por ellos, más que ilustrarnos filosófica e intelectualmente, ofenden a diario la condición social del panameño.
En lo relacionado al adelanto prematuro de la actividad política, en Estados Unidos se vive el mismo fenómeno. La atención de los medios a la actividad electoral y a los candidatos es constante. Hasta tan solo unos meses, se daba por descontado que la senadora Hillary Clinton, por el lado del partido demócrata, sería la figura clave que marcaría como diferente este nuevo periodo electoral. El hecho de que una figura femenina está siendo considerada seriamente por grandes sectores de la población estadounidense para ocupar la casa blanca, ya en sí constituye un hecho sociopolítico histórico de enormes proporciones.
Las particularidades de esa sociedad, su carácter religioso-conservador - en términos generales - hacen que la situación de la senadora Clinton, como la candidata a vencer, abona más al significativo cambio cultural y político-social que parece estar desarrollándose en ese país. Pero a estas alturas del juego, la senadora se enfrenta a un deterioro en su nivel de aceptación y eso se debe primordialmente a la participación en la contienda de Barack Obama, y más estratégicamente, se debe a un nuevo proceso de comunicación política que él ha escogido practicar.
Hillary Clinton lleva más de cuatro décadas de vida política activa, lo que hace que su formación para llevar a cabo campañas electorales se enmarque dentro de las actitudes y estrategias políticas que han llevado al entorno actual. Reevaluar y reenfocar la retórica empleada a lo largo de su carrera y su proceso comunicativo-político para contrarrestar el avance de sus oponentes, resultará una tarea estratégica a formular y ejecutar lo antes posible.
El ‘tono’ es uno de los elementos más importantes en todo proceso de comunicación. Y a diferencia del tono y de la poca elocuencia retórica del presidente Bush en las contiendas de 1999 y del 2004, la comunicación política de los candidatos para esta nueva votación será elemento crucial a la hora de decidir. Eso parece estar ocurriendo y - estratégicamente -- el candidato Obama por ahora ha establecido el contexto comunicacional.
Hasta hace muy poco los temas que la sociedad estadounidense discute como parte de sus preocupaciones sociales, han llevado la discusión a un nivel casi insostenible en relación a la conducta polarizante que provoca en los diversos segmentos del público. Johnson-Cartee y Copeland señalan que "La habilidad de construir mensajes persuasivos es la señal de un buen comunicador". En ese marco; en el marco de una guerra que desgarra y divide a la sociedad estadounidense y, con las pretensiones de cambiar el tono de la discusión con novedosas argumentaciones, el candidato Obama tiene por delante la tarea de cimentar una campaña política diferente y que tenga la fuerza suficiente para no distraer su cometido con las embestidas de sus oponentes; para enfrentar y vencer el estatus quo, tanto en lo retórico como en materia de comunicación política.
En el pasado reciente, los candidatos presentaban una visión de futuro y una plataforma de trabajo a través de un proceso comunicativo político prudente. En el resto de su equipo de apoyo y de campaña imperaba la retórica de la destrucción política y en algunos casos, hasta la destrucción personal. Los desmesurados ataques que se dieron en las pasadas elecciones presidenciales del 2004 y en las intermedias de 2006 son ejemplos claros de esta conducta política.
Para poner en perspectiva las aspiraciones del candidato Obama relativo a sus esperanzas de cambio social y político en los Estados Unidos, solo hay que echar un vistazo a su libro y "bestseller": "The audacity of hope". Michiko Kakutani, ganadora del premio Pulitzer en 1998 como crítica literaria del New York Times, resumió que: "Obama intenta plasmar en estas páginas su manera de pensar con un simple sentido común {.} mientras articula estas ideas en una juiciosa prosa no partidista. Eso, de por sí, es algo inusual, no solo en estos difíciles momentos preelectorales, sino también en estos tiempos cada vez más polarizados y polarizantes".
Obama comprende claramente el momento y entiende que la comunicación destructiva no es el camino. "Lo que es preocupante es la brecha entre la magnitud de nuestros retos y la pequeñez de nuestra política - el asunto de que nos distrae lo pequeño y trivial, nuestra evasión crónica de las decisiones difíciles, nuestra aparente inhabilidad de alcanzar un consenso para atacar cualquier gran problema", puntualiza el candidato en su libro.
Ha subrayado su intención de hacer de esta contienda electoral un ejercicio político que cambiará fundamentalmente el modo estratégico y primordialmente comunicativo con que se han dado los eventos electorales en ese país en las últimas décadas. No en vano, en recaudaciones económicas de apoyo a su candidatura, en el primer trimestre de este año y para sorpresa de los entendidos, alcanzó la suma de 25 millones de dólares. Un millón menos que la senadora Clinton. Señal de que su discurso está siendo atendido por los electores. Pero, a pesar de que él ha establecido el ambiente inicial de la campaña, es muy temprano para saber a ciencia cierta si el tono de la retórica se mantendrá.
Pero no solo Obama está haciendo lo suyo por cambiar el tono del proceso comunicativo político. Otro candidato demócrata, John Edwards, trabaja afanosamente por revertir ese ambiente "polarizante" al que se refiere Kakutani. Desde la pasada campaña del 2004 en donde participó como candidato a vicepresidente en la nómina demócrata de John Kerry, empleó un estilo comunicativo didáctico y muy persuasivo; claro y sinérgico, en donde apeló en sus mensajes al sentido humano y de comunidad del elector.
Las campañas multimillonarias en las que prevalecen las estrategias mediáticas tradicionales es la cultura política a superar. La era de las citas de cinco o diez segundos para acceder a un espacio en los noticieros televisivos y que eran cuidadosamente diseñados, se está redefiniendo en estos momentos.
En esta nueva era tecnológica, el hecho de que muchos electores obtienen sus informaciones de los nuevos medios (INTERNET, Podcast, correos electrónicos en sus Blackberries, etc.), redefine el modo en que se podrá tratar de persuadir a los electores, con mensajes más extensos que permitan definir la posición del candidato en más detalle. Estos avances tecnológicos no restringen ni limitan la cantidad de información que se puede transmitir, ni tampoco el momento de difusión y acceso. Más cuando el público que participa del proceso comunicativo-político se ajusta a las exigencias que el contexto mediático impone.
Todos estos elementos están redefiniendo el modelo de comunicación política. La participación del senador Obama en la contienda, la nueva tecnología y la necesidad de que la senadora Clinton se ajuste a la nueva realidad retórica y comunicacional, ofrece todas las trazas de cambios significativos en la cultura y el modelo de comunicación política.
En nuestros países latinoamericanos debemos tener presente que no habrá avances sociales únicamente con el mejoramiento de la economía. Igualmente un cambio cultural es quizás el primer objetivo a alcanzar. Y un cambio profundo en la forma en que hacemos política y el ejercicio comunicativo para realizarlo con la intención de persuadir a nuestros interlocutores en la promoción de nuestro sentido de futuro, es materia de seria consideración para la clase política.
Si la costumbre es la referencia que ofrece la sociedad estadounidense, entonces, el giro que promueve la participación del candidato Obama en el ejercicio político de ese país, con un nuevo modelo comunicativo y una retórica constructiva, debe ser modelo a imitar. Allá o acá, independientemente de las consideraciones ideológicas, un discurso noble y sincero abrirá el camino hacia la reconciliación y el mejoramiento de la condición social.
Rediseñando la comunicación política
En Panamá, el comportamiento infantil, la conducta oportunista, la falta de profundidad intelectual y la nublada visión de futuro que muchos políticos exponen, debe llevarnos a dudar seriamente de sus motivaciones. Muchas de las articulaciones retóricas y el proceso comunicativo empleado por ellos, más que ilustrarnos filosófica e intelectualmente, ofenden a diario la condición social del panameño.