Ante las predicciones de la agudización del conflicto y el temor de los países vecinos de un éxodo de campesinos y traslado de los cultivos ilícitos, las autoridades intentan explicar que el Plan Colombia es para la paz y para acabar con el flagelo de la droga.
"Este no es un plan de guerra. Es un plan social y de combate al narcotráfico.Quien se oponga a combatir al narcotráfico, por lo menos es sospechoso", dijo Fernando Gómez Martínez, alcalde de Medellín y presidente de la Federación Colombiana de Municipios.
Gómez dijo que es favorable la próxima visita del presidente estadounidense Bill Clinton para respaldar lo que el mandatario colombiano Andrés Pastrana ha llamado "la batalla final" contra el narcotráfico.
Clinton llegará el miércoles a la ciudad de Cartagena, en la costa caribeña para respaldar el Plan Colombia, que busca la substitución de cultivos de cocaína y que cuenta con la ayuda de 1.300 millones de dólares de los Estados Unidos.
"La visita de Clinton es un apoyo del gobierno de los Estados Unidos al esfuerzo que está haciendo Colombia para recuperar el país, para acabar con el narcotráfico y para que por fin podamos vivir en paz", dijo Gómez.
El arzobispo Augusto Castro, delegado de la Iglesia Católica en la mesa temática que estudia los 101 puntos de la agenda de negociaciones de paz con la guerrilla, se mostró extrañado porque quienes atacan el Plan Colombia callan sobre las graves consecuencias provocadas por el narcotráfico en el país.
Para Castro es importante explicarles a los países vecinos, alarmados por la ejecución del Plan Colombia " (lo) que se está haciendo y que la lucha contra el narcotráfico genera dificultades. Este es el peor mal que tiene Colombia y hay que combatirlo", señaló.
"El narcotráfico nos ha hecho mucho daño para dejarlo tranquilito", dijo Castro, Arzobispo de la ciudad de Tunja, quien se mostró partidario de la ayuda internacional para combatirlo, siempre y cuando no implique intervención en asunto internos de Colombia.
"Esto tan bien vale para los Estados Unidos", dijo el Castro al advertir que la ayuda norteamericana debe limitarse a las tareas de erradicación de unas 120.000 hectáreas de cultivos de narcóticos que han convertido a Colombia en el principal productor munal de cocaína.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la guerrilla que controla los mayores cultivos de coca en el sur del país, ha advertido que el Plan Colombia es el comienzo de la intervención de los Estados Unidos que pueden convertir a esta nación en un pequeño Vietnam.
PLAN PROVOCARIA MAS PROBLEMAS
Para el New York Times, , la puesta en marcha del plan puede agravar los problemas entre los países de la región y desencadenar invasiones de narcotraficantes y refugiados o choques armados fronterizos.
Funcionarios militares de EU han advertido que grupos rebeldes colombianos ya han hecho incursiones en los territorios de Panamá y Venezuela e influido en la agitación indígena en Ecuador, según la información del diario estadounidense.
Cuando arrecian las operaciones militares colombianas contra la guerrilla, los residentes de las zonas conflictivas emigran a los países vecinos, hacia donde también encaminan sus esfuerzos los traficantes de droga, lo que ha derivado en el aumento del cultivo de coca y opio en Perú, según los expertos.
Clinton ha brindado ayuda económica y militar y ha destinando 60 helicópteros para las unidades antinarcóticos, que muchos políticos colombianos, como el ex candidato presidencial liberal Horacio Serpa, temen que puedan usarse en operaciones contra los rebeldes.
Asimismo, las autoridades venezolanas, peruanas y ecuatorianas han expresado su temor de que las acciones derivadas del Plan Colombia desaten un éxodo de refugiados a sus países.
La Casa Blanca ha acusado a la guerrilla colombiana de proteger a los narcotraficantes porque son su principal fuente de ingresos económicos, y diversos especialistas de EU han señalado que, al verse acosados, los rebeldes se refugiarán en Panamá, Venezuela, Perú y Ecuador, adonde trasladarán su red de cultivo y tráfico de drogas.
Las autoridades de Brasil y Ecuador manifestaron su preocupación en este sentido a la secretaria de Estado estadounidense, Madeleine Albright, durante su visita la semana pasada a esos países, Argentina, Chile y Bolivia, dice "The New York Times".