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Reloj despertador


En un segundo tus latidos del corazón pasan de ser pausados y relajados a muy acelerados.

Das un brinco sobresaltada… abres tus ojos y no ves nada, todo está oscuro, tu piel aún entre las sábanas, tu boca suelta un suspiro, pero tus sentidos te llevan hacia el desgraciado… hacia la mesita de noche donde está, el reloj despertador timbrando como un loco.

Todos los días lo mismo a las 4:30 a.m.

 

Tu mano atraviesa la oscuridad del cuarto, alcanzando al reloj despertador. Intentas encontrar el botón para apagarlo, pero se te sale de las manos, cual rata asustada a punto de morir. Por suerte al caer al piso, se rompe y vuelve el silencio.

Desgraciado – es lo primero que piensas.

Respiras y entiendes, hora de levantarte. Aún tienes sueño. ¿Cómo se te pudo ocurrir salir la noche anterior? si te tenías que levantar hoy para ir a trabajar. A penas si has dormido algo.

 

Te resignas y sales de la cama, sabes que tienes el tiempo medido, por culpa de los tranques que hay en las mañanas y por la cantidad de gente que sale a esperar el bus, no te puedes correr el riesgo. Ni siquiera el “corredor” te salva.

Te das animo con la idea de que cuando estés en el bus podrás aprovechar para dormir un rato. ¡Claro!, cuando tengas puesto para sentarte, hace 2 días fue la quincena y la gente sale temprano a hacer sus cosas, los buses van más llenos de lo normal y es casi una pelea poder subir al bus.

Sales de tu cuarto y te das cuenta de que todos duermen – ¿será que se han quedado dormidos? – te preguntas, pues mejor, así no tienes que hacer fila para bañarte, tus hermanos demoran demasiado.

 

Te bañas, te pones el uniforme del banco y te peinas. Te llevas todo el maquillaje en la cartera, porque eso lo puedes hacer antes de llegar a la Calle 50, así evitas que se te corra con el sudor, ese bus es un horno.

5:00 a.m. no hay tiempo que perder, pasas por la cocina, te preparas un desayuno, y mientras te lo comes, empacas de la cena de ayer, que hoy te sirve para almorzar.

5:30 a.m. sales de la casa con tus chancletas puestas, los zapatos van en la cartera, te los pondrás llegando a Calle 50, ya cuando estés maquillada y lista para bajar del bus.

 

Llegas a la parada, antes que los vecinos, te da risa, hoy todos se han quedado dormidos y eso que no salieron anoche como tú.

Pasas más de 15 minutos esperando y el bus que no llega – será que hay huelga? – en eso te acuerdas de que ayer no viste las noticias, porque te fuiste con unas amigas después del trabajo. Querías celebrar tu primer trabajo!

De repente, el rugido del bus, cual cohete, te saca de tus pensamientos. Suerte la tuya, la mitad del bus vacío, hoy tienes para elegir. Te pones cómoda, miras alrededor, buscas la hora en tu reloj, pero con la corredera y el sobresalto, se te ha quedado en la casa, buscas tu celular y está descargada la batería, pero calculando piensas que deben ser las 6:15 a. m.

Sabiendo como son los tranques, te pones cómodo y te preparas para dormir un rato. No te cuesta mucho, porque vienes muy cansada de anoche. En un sobresalto te despiertas, es muy difícil dormir en este bus que cada vez que frena hace un ruido horrible.

Miras por la ventana y te das cuenta de que debes haber dormido un largo rato, porque ya casi estás llegando, - vaya día extraño -. Sacas tu estuche de maquillaje y te arreglas, - “en el banco no se puede andar sin maquillaje” -, dijo la jefa de recursos humanos el día que te contrató de asistente. Te calzas tus tacones, buscas las monedas para tenerlas a mano y bajar del bus rápidamente.

Caminas a paso acelerado, porque como no has podido verificar la hora, tienes miedo de llegar tarde. Con tanto sueño, casi no puedes ni pensar. Pero es extraño, hay algo diferente hoy, no hay mucha gente. ¿Habrá pasado algo? Te vuelves a inquietar mirando a tu alrededor. Empiezas a bajar la velocidad y tratas de entender, pero es un poco tarde para pensar, ya estas allí, frente a la puerta. No hay nadie, solo el seguridad, que te mira con extrañeza.

Tú te sonrojas, intentas decir algo, pero las palabras no te llegan a salir.

Desgraciado reloj despertador.

¡Hoy es domingo!


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528094
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América