Estamos agotando los últimos días de este año, el cual, desde el punto de vista cultural, ha sido intenso.
Casi todas las expresiones artísticas tuvieron actividad constante y espacios importantes, por lo menos en este medio, como respuesta a lo que pareciera un genuino repuntar de las actividades creativas en nuestro país.
Habría que darle una mención especial al quehacer literario en medio del cual, tanto escritores sabidos como novatos han tenido una producción importante durante este año, lo cual parece una señal de que el camino que están siguiendo las letras panameñas es promisorio.
La discusión sobre el contenido, calidad y proyección de las publicaciones la podemos plantear en otra oportunidad. Ahora nos interesa destacar que escribir se está convirtiendo en una necesidad para un número cada vez más elevado de panameños y eso es trascendental, puesto que a través de la literatura, de alguna manera, se va creando un registro de nuestra historia y cotidianidad.
Obviamente que este registro no es tan riguroso como el de los textos históricos y académicos, pero la constante producción literaria –que estimamos seguirá en ascenso- en algo contribuye a que nos conozcamos y valoremos más, y ese es uno de los mejores regalos que podemos hacernos los panameños.