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Réquiem por un perezoso

“Pide en tus oraciones una piel dura y un corazón blando” Ruth Graham


¿Quién habrá tirado esa red en la canaleta del techo de la terraza? Fue lo que me pregunté cuando lo vi. Parecía una red o el bulto de una hamaca colgando de la canaleta. Cuando me puse mis anteojos 1.75 me di cuenta de que era un mono perezoso. ¿Cómo llegó ahí? Sólo cayéndose del frondoso espavé de la vecina que extiende sus ramas por encima de mi techo. La caída fue brutal. Al acercarme vi que tenía deshecho el brazo izquierdo; los huesos partidos, sin embargo sangraba poco y lo podía mover.

Se me ocurrió que la Autoridad del Medio Ambiente podría ayudarme o indicarme qué hacer. Llamé al 500-0855, me contestó una voz sin cuerpo, que después de saludar se puso a las órdenes y eficiente me informó: “Nuestro horario de trabajo es de lunes a viernes, de siete y media de la mañana a tres y media de la tarde. Si conoce la extensión del departamento que desea comunicar marque... Luego me dio las diferentes secciones. Si no contestan, puede marcar cero y le hablará una operadora. No tuve ningún éxito llamando entre las ocho y cinco y las ocho y cuarenta. Decidí llamar a los bomberos. Me remitieron a la ANAM. Les dije que por gusto llamaba porque no había nadie. Me informaron que no entraban a las siete y media sino a las nueve. Ah, dije, qué tonto soy que no comprendo el horario “real” de trabajo. Llamé a las nueve y cuarto. ¡Al fin! Pregunté por el señor Fulano (nombre que dio el bombero). El señor Fulano me comunicó con el señor Zutano. Al escuchar mi problema me pidió nombre y dirección. Parece que anotaba todo concienzudamente. Le indiqué hasta el color de mi casa. Me aseguró que vendrían esa misma mañana. Pasaron tres días, lentos y dolorosos.

Le subí una hojas al mono y las puse al alcance de la boca, pero no comió. Pude ver que la herida estaba llena de gusanitos y le revoloteaba un enjambre de moscardones de color verde brillante. Colgaba tenazmente por los garfios de sus extremidades sanas.

 

Sufro el don de la empatía. No podía dormir pensando en el mono allá afuera colgando, herido, con esos huesos destrozados que debían doler mucho.

Al cuarto día cayó. Sus ojos mansos, amables, se cerraron.

Lo llevé en carretilla hasta la orilla del parque y lo dejé caer.

 

¿Y ANAM?


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644916
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América