De hecho es el primer encuentro con un equipo del gobierno panameño que se instaló el pasado primero de septiembre, aun cuando en su representación participó como observador en la tercera y cuarta ronda el actual Ministro de Comercio e Industrias Alejandro Ferrer.
Por un encuentro reciente con la señora Vargo y sus colaboradores, y con unas 20 instituciones norteamericanas, estatales, privadas, cabilderas y de derechos civiles, y por el realismo político que va mostrando del nuevo gobierno de Panamá, estoy bajo la percepción de que el encuentro se producirá en un contexto de perspectivas alentadoras con defensas firmes.
Los funcionarios y personalidades con los que conversamos en Washington y Philadelphia parecen convencidos de que estas conversaciones podrían concluir en diciembre próximo, aun cuando los resultados de las elecciones presidenciales de noviembre venidero podrían provocar algunos contratiempos si el presidente George W. Bush no llegara a reelegirse. John Kerry habla de hacer algunas revisiones en estos convenios.
Los procesos globalizadores han impuesto al mundo nuevas realidades, el libre comercio entre ellas, y en una fase bilateral como la que se inicia mañana en Panamá el análisis económico cuantifica costos y beneficios, y por lo mismo pone sobre la mesa ventajas, desventajas y responsabilidades que asumir.
Y todos los TLC negociados hasta ahora han navegado bajo ese mismo debate: ¿quién gana, quién pierde en esta nueva forma de hacer business? De un lado el apoyo de optimistas convencidos que afincan sus argumentos en las tesis de John Locke, John Stuart Mill y Adam Smith; del otro, quienes perciben estos instrumentos como una encarnación de la fatalidad.
Para los norteamericanos estos tratados incorporan, para ambas partes, más beneficios que desventajas. Una afirmación que apoyan en años de negociaciones con Europa Occidental y Japón, primero, México y Chile, después, en lo que los ha convertido en la sociedad más abierta desde el punto de vista comercial.
En nada parece sorprenderlos los cuestionamientos más radicales:
- ¿habrán desplazados y se perderán empleos?,
- sí, es cierto, eso ya lo vivimos, pero los beneficios serán mayores.
- ¿Y cómo hicieron con los sectores afectados?
- Iniciamos un proceso de reconversión en los que participaron la empresa privada y el Estado.
- ¿Y la situación en áreas como la agricultura?
- ¿...siempre ha sido la más sensible?
- ¿Y el problema laboral y del medio ambiente?
Mark Condon, director ejecutivo del World Trade Center de Carolina del
Sur resumió el fenómeno en una frase lapidaria: "si un país no está preparado para manejar el libre comercio, la globalización puede ser su peor pesadilla; si lo está se beneficiará de gran manera". ¿Lo está Panamá? ¿Qué resultados, positivos y negativos han dejado los TLC en los últimos 10 años? Para indagar al respecto llegamos a Washington el pasado tres de octubre, invitados por el Departamento de Estado a través de su embajada en Panamá, Jorge Carney, asesor legal de la Cámara de Comercio, Eva Montilla, Directora de Relaciones Públicas de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas; Mariano Mena, Secretario General de la Central General de Trabajadores (CGT),y el autor de este artículo.
La gira ha incluido entrevistas en Washington, Philadelphia y Charleston (quedan aun por visitar New Orleans y Houston), con funcionarios de los Departamentos de Estado y de Comercio, Cabilderos, organizaciones cívicas, empresariales y sindicales, algunas de las cuales formulan severas críticas a los TLC,. ¿Cuál ha sido la experiencia con estos tratados?
El primero de esta generación, el NAFTA, firmado entre EEUU, México y Canadá, que creó la zona de libre comercio más grande del mundo en 1994. Las exportaciones mexicanas pasaron de 50 mil millones de dólares ese año, a 134 mil millones de dólares en el año 2002.
"Lo más impresionante es que la mayoría de estas exportaciones corresponden a rubros industriales en los que México no exportada antes del NAFTA", según revela Carlos Felipe Jaramillo, economista jefe del Banco Mundial para Centroamérica en la Revista Centroamericana de Economía.
¿Y qué ha significado para Estados Unidos? Shawn Ricks, de la Administración Internacional de Comercio (ITA) reveló que "a 10 años del NAFTA se duplicó el comercio entre los tres países, de 306 mil millones de dólares en 1994, a 620 mil millones en 2003, lo que representó un movimiento diario de 1,7 mil millones de dólares.
En los primeros siete años del NAFTA los nuevos empleos en EEUU llegaron a los 20 millones y el salario real vio un ascenso dramático.
En el caso del TLC de EEUU-Chile, el primer trimestre de 2003 reflejó incrementos en las exportaciones de EEUU al país suramericano en un 24 por ciento en comparación con el año anterior, según cifras del ITA.
El TLC más reciente y pendiente de aprobación en el Congreso, el CAFTA fue firmado en mayo pasado y transforma a los países centroamericanos, junto a República Dominicana, en el decimotercer socio comercial más grande de Estados Unidos. Una vez se ponga en ejecución, el 98 por ciento de sus exportaciones entrarán libres de impuestos al mercado de Estados Unidos. Pese a esas bondades, los TLC no dejan de despertar aprehensiones. ¿Por qué? La idea del Libre Comercio es el de la especialización de los países en disciplinas donde sus economías son fuertes. Que le den garantías a la inversión extranjera de que no será discriminada.
Los TLC funcionan como mecanismos destinados a reducir tarifas, muchas veces en un proceso largo y penoso. La propuesta de Estados Unidos es "tarifa cero", un modelo que ha sido inconmovible en las anteriores negociaciones, y sin dudas será asimismo en las conversaciones que comienzan mañana. Pero la apertura a las inversiones extranjera son consideradas por algunos sectores como una daga en su propio cuello, sobre todo en el sector agrícola.
Productores como los panameños temen una competencia desleal en su propio mercado y no parece que estén muy equivocados. Stan Gacek, director asistente de la AFL CIO nos dijo que los subsidios que otorga el gobierno de EEUU a sus productores permiten a estos una producción con un 200% por debajo de los costos reales.
Un hecho que podría tener efectos directos, por ejemplo en Centroamérica, donde el 50% de la mano de obra está vinculada a la agricultura y podría ser desplazada.
Pero esto último es lo más natural para los empresarios y funcionarios de Charleston, una ciudad portuaria de Carolina del Sur, con unos 500 mil habitantes y el cuarto puerto más grande de Estados Unidos.
Mark Condon, del World Trade Center de esta Ciudad y a quien ya hemos citado nos dijo que el libre comercio le costó a Charleston 70 mil empleos y la desaparición de su tradicional industria textil. A cambio Alemania instaló allí una fábrica de autos BMW.
Para Condon los TLC establecen reglas claras para todo el mundo, y los estados están en la obligación de ir pensando cómo será el futuro para insertarse en él. Para él por ejemplo, en los próximos 10 años China continental será sino el principal uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos. Ya en Charleston están pensando cómo ensamblarán equipos provenientes de la China.
Condon no dice que el proceso sea fácil, lo que afirma es que hay que prepararse para ello, porque el país que no esté preparado para el libre comercio tendrá en la globalización una pesadilla, pero si está preparado se beneficiarán de gran manera.
En el caso de la agricultura por ejemplo, Ernest Andrade, Director del Charleston.Digital.Corridor, asegura que la posición que asuman los agricultores está en correspondencia directa con la divulgación y las explicaciones que haga el gobierno.
"Ellos, los agricultores -dijo- desconocen a menudo lo que está ocurriendo con las políticas globalizadoras y no emprenden reconversiones a tiempo, por lo que después vienen las frustraciones y los problemas". Y Panamá ¿Cómo entra en este escenario?
Dada las históricas y peculiares relaciones panameño norteamericanas la firma del convenio parece un asunto de tiempo y de ajustes.
Para el ITA Panamá es un puente importante de recursos financieros y Comerciales y las empresas de EEUU participan fuertemente en la Economía panameña.
Solo en el año 2002 el intercambio comercial entre ambos países llegó a 1,7 mil millones, de los cuales las exportaciones de EEUU hacia Panamá fueron de 1,4 mil millones.
La mayoría de las exportaciones de Panamá hacia Estados Unidos se registraron en el sector agropecuario, un área sensible según admitieron los voceros, pese a lo cual están seguros de que llegarán a un acuerdo con Panamá.
Una funcionaria del departamento de Comercio, Amy G. Thomson habló de que eventualmente Estados Unidos envíe al istmo una comisión de agricultura. Otro dijo que existe la posibilidad de que los sectores afectados encuentren algún tipo de respuesta a través de la Agencia Internacional de Desarrollo.
Un área de beneficio es el tema de la elaboración de capacidad comercial. EEUU está pidiendo a cada país que elabore un plan estratégico nacional que identifique las áreas donde necesitarán asistencia técnica. En base a lo cual crearán un grupo técnico.
Para Mariano Mena, conocido líder sindical estima que el TLC que se negocia es un ejercicio para llenar espacios, donde Estados Unidos pone el examen y Panamá debe contestar las preguntas que le interesa al primero.
"Las propias medidas en materia laboral son un canto a la bandera", añadió, porque no tienen ninguna capacidad de sanción, y en cuanto a las inversiones que deben llegar al país, Mena piensa que en la medida en que las empresas norteamericanas encuentren mayores espacios , serán menos las inversiones que lleguen a Panamá, en un ejercicio que estima válido también para la colocación de las exportaciones nacionales.
Jorge Carney, de la poderosa Cámara de Comercio, considera que Panamá debe firmar porque es algo que se está dando con todos los países y es mejor tenerlo que no tenerlo.
"El estado Panameño debe invertir tiempo y recursos en la reconversión del sector agrícola y el industrial para que genere productos más competitivos, y entrenar a los panameños, de manera que se preparen para los cambios que vienen. Se trata de un escenario donde la firma es inminente, y no solo por el interés estadounidense. Las ventajas que ofrece el TLC encuentran eco en el sector de servicios, de mayoritario peso en la economía, y Panamá no puede renunciar a esa perspectiva.
Pero por lo que leemos en los diarios panameños a través de esta maravilla que es el Internet, a diferencia de la administración pasada, el nuevo gobierno parece haber roto el secretismo con que transcurrieron las primeras rondas de negociación, una medida que hace evidente y hasta cierto punto tranquilizadora su responsabilidad.
El que el Ministro Ferrer, el propio presidente Martín Torrijos y el titular de la cartera agropecuaria, Laurentino Cortizo hayan ratificado compromisos de divulgación consulta y defensa del sector agropecuario hacen pensar que la ni la industria ni los agricultores serán abandonados a su suerte.