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Revelación


Por fin, había llegado nuevamente la oportunidad de estar juntos y disfrutar del éxtasis que produce la comunión de sus cuerpos. Sabían que habían sido elegidos por sus actitudes para realizar el proceso de regeneración. Fue un hermoso momento planeado por las circunstancias y preñado de un propósito ineludible. Sus cuerpos destilaban la más pura de las pasiones, se habían convertido en uno solo, eran seres inconscientes, entregados el uno al otro en un delirio por cumplir el sueño de la humanidad. Solo la luna altiva y su cortejo de estrellas fueron testigos sin invitación.

Aquellos amantes sabían que probablemente no habría otras oportunidades y aquello que quedó inconcluso alguna vez, debía completarse en esta ocasión, puesto que la primera vez el cansancio logró vencerlos y quedaron envueltos en el manto atractivo del hermano de la muerte.

Mientras el más puro acontecimiento tenía lugar, el odio y la envidia, el dolor y la maldad, se paseaban agarrados de mano, como enamorados inseparables, dominantes y orgullosos de su gloria en este mundo. La vanidad no les permitía percibir el renacimiento del amor.

 

Aquella amante enamorada comprendió que ya no era la misma. Su cuerpo, saturado de amor, comenzó a cambiar.

Conforme crecía su vientre, ella se sentía renovada.

Estaba consciente de su compromiso con la humanidad. Sabía que era el albergue del sentimiento liberador de los hombres.

 

Luego del tiempo necesario parió al amor, un alumbramiento único y doloroso, fragmentado.

En cada fragmento de amor era inherente el deber de alojarse en cada ser humano para que de este modo, toda la humanidad iniciara su proceso de renovación. Así había sido planeado.

Entonces, la tristeza apareció y cerró el telón. El silencio reinó.

 

Todo tuvo lugar en la imaginación del escritor.


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803627
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América