En un aparente retorno del narcoterrorismo, que cobró miles de vidas a fines de la década pasada y comienzos de los 90, una poderosa explosión estremeció ayer una zona comercial y residencial del norte de la capital colombiana y por lo menos siete personas murieron y 45 resultaron heridas.
El carro-bomba, cargado con unos 80 kilos de dinamita, fue dejado sobre una transitada vía de un sector residencial y comercial del norte de la capital colombiana, aparentemente sin estar dirigido a un blanco específico, sino con el objetivo de causar daño indiscriminado, señaló la policía.
El acto terrorista se produjo luego de que el martes la Corte Suprema de Justicia reactivara la extradición de narcotraficantes colombianos a Estados Unidos, al emitir concepto favorable para entregar a la justicia de ese país al señalado capo de la heroína, Jaime Orlando Lara Nausa.
El carro-bomba estalló cerca de una guardería para niños que padecen cáncer. "Los niños quedaron en estado choque, pero no sufrieron heridas", dijo Soledad López, directora de la fundación, quien formuló por radio un pedido de ayuda para reconstruir el albergue. `
La explosión se sintió con potencia en todo el sector del norte de la ciudad, uno de los sitios más elegantes de Bogotá. Las oficinas de la AP, situadas a unos 600 metros, fueron remecidas por la onda expansiva.
Entre las víctimas figuran dos mujeres, cuatro hombres, tres de ellos jóvenes y otro anciano. Todos eran presumiblemente transeúntes.
En las primeras declaraciones del Gobierno, el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, dijo en el lugar del atentado que aparentemente se trata de una nueva campaña de terror de los narcotraficantes para impedir su extradición a Estados Unidos.
A la vez anunció que entregará una recompensa de 100 millones de pesos (50.000 dólares) por información que permita capturar a los responsables de este atentado, que calificó de "cobarde y criminal".
Por su parte el general Argemiro Serna, comandante de la Policía de Bogotá, dijo a periodistas que carecen aún de retratos hablados y formuló un llamamiento a testigos para que ayuden a la policía y a la fiscalía con pistas que permitan capturar a los terroristas que aparentemente eran cuatro.
La fuerzas militares decretaron un acuartelamiento de primer grado en Bogotá. Se cancelaron permisos y las tropas deberán permanecer en sus cuarteles en estado de alerta, indicaron fuentes castrenses.
El embajador de Estados Unidos en Bogotá, Curtis Kamman, condenó el atentado y anunció que su país pedirá la extradición de "otros 30" narcotraficantes colombianos.
El ministro colombiano de Justicia, Rómulo González, advirtió ayer que el gobierno "extraditará a todos los narcotraficantes", en caso de que se compruebe que cometieron los ataques.
González añadió que "ni el gobierno, ni la sociedad colombiana se dejarán amedrentar" por estas acciones terroristas y que responderá con medidas drásticas para contrarrestarlas.
Por su parte el presidente Andrés Pastrana convocó de inmediato su consejo de Seguridad Nacional.
Pastrana, se reunió de urgencia ayer con varios jefes militares y policiales para evaluar la situación generada por el ataque, informó una fuente oficial. Pastrana, deberá decidir, dentro de nueve días a más tardar, si se hace efectiva la extradición de Lara y Flores Garmedia.
En caso de que Pastrana confirme la decisión judicial, Lara se convertirá en el primer colombiano en ser extraditado desde diciembre de 1997, cuando el Congreso enmendó un artículo constitucional que desde 1991 impedía enviar a los delincuentes nacionales a otro país.
Los constituyentes que redactaron la Carta Magna en 1991 suprimieron la extradición en medio de campaña de atentados terroristas promovida por los narcotraficantes, que decían preferir "una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos".