Franklin Pelegrino del Toro, un barbero de 38 años de un pueblo de la provincia de Holguín, inició una huelga de hambre para pedir la libertad de los presos políticos enfermos, al igual que lo hace el psicólogo y periodista Guillermo Fariñas; el médico preso Darsi Ferrer, que lleva 12 días de ayuno, y lo hizo Orlando Zapata Tamayo, fallecido el 23 de febrero pasado, tras un ayuno en la cárcel de 85 días.
Organismos, tanto nacionales como desde la propia Habana, han expresado su preocupación por el giro que está tomando esta situación, pero sus expresiones han caído en saco roto.
Hasta donde se sabe hay 26 presos políticos que están enfermos.
Quienes todavía no se han convencido de que la palabra misericordia no existe en el extenso vocabulario del líder de la Revolución ni de su hermano heredero, debieran empezar a convencerse.
Ni balsas ni las súplicas ni las muertes conmueven a estos gorilas, que al parecer se creen Todopoderosos y disponen de las vidas de seres humanos a su antojo. Después se preguntan por qué uno de ellos ya no resiste ser tocado por los rayos del sol y su demencia senil no le permite identificar el puente que separa el bien y del mal.