No fue la serie de Goliat contra David que se preveía, ya que los Vaqueros del Oeste demostraron en los cinco partidos que fue un digno rival del equipo mejor organizado, planificado y apoyado económicamente, como lo es Chiriquí.
Lo que sí fue decepcionante fue el respaldo de la afición, que motivado quizás a un marcado desinterés demostrado a lo largo de todo el torneo por los propios dirigentes de este deporte, que hicieron jugar a Colón de todos modos, no ofrecieron su respaldo como en ocasiones anteriores.
Aunque no se oficializaron cifras que revelan las inminentes pérdidas económicas este año a pesar de infructuosos intentos de este diario por tratar de localizar a Eduardo Alfaro o Franz Wever, lo cierto es que la desorganización en el calendario de juego, los horarios y las sedes, fueron los aspectos que originaron a los fanáticos a apartarse de los estadios.
Así como un partido se gana en algunos casos en los camerinos, el éxito de un espectáculo va de la mano de la organización, la comunicación y sobre todo, el trabajo en equipo. Eso debe servir de experiencia para otros torneos, no importa la disciplina que se dé.
Lo que sí es bueno resaltar, fue la forma brillante, como si de gallo fino se tratase, en que el equipo de Chiriquí octuvo por undécima ocasión en la historia, el Campeonato Nacional de Béisbol Mayor, en esta oportunidad, la Copa "David Menashe".
Los chiricanos, bajo la batuta desde hace nueve años de técnicos de nacionalidad cubana, en esta oportunidad por Alfonso Urquiola, quien además de jugador, fue timonel de la seleccón cubana en torneos mundiales, eran desde el inicio del torneo, los principales favoritos para llevarse la corona.
Para lograr esta hazaña, Chiriquí tuvo que vencer en cuatro encuentros a una novena de Panamá Oeste que durante la serie final mejoró del cielo a la tierra el cuerpo de lanzadores.
Para Rodolfo Aparicio, uno de los jugadores con mayor experiencia, ya sea a nivel nacional e internacional, todo parecía indicar que por la forma como se desenvolvió en la ronda regular el equipo del Oeste, nada hacía suponer que los partidos de la ronda final serían tan apretados y tan llenos de expectativas como se dio.
Aparicio, quien es la bujía ofensiva en la novena chiricana a través de los tiempos, ponderó la calidad de pelota que jugaron los peloteros del Oeste.
"Esos jóvenes se mostraron agresivos en todo momento. Sabíamos que ellos no tenían la experiencia y el aplomo que sí teníamos nosotros, pero nos sorprendieron por la forma en que se portaron los lanzadores en los partidos de la serie final.
"Fue una tremenda serie y cada uno de nosotros tuvimos que aportar nuestro granito de arena para llevarnos la victoria", indicó el pelotero que este año alcanzó la suma de 700 imparables en los torneos nacionales de béisbol.
Aparicio ponderó al jardinero central de los Vaqueros, Rodolfo Rivera, a quien lo denominó su reemplazo en el prado central en los torneos internacionales.