Jugando con el poema cumbre (El Cuervo) de la pluma inmortal de Edgar Allan Poe, diría:
La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno, y soñé sueños que nadie osó soñar jamás; pero en este silencio atroz, superior a toda voz... un eco volvióla a nombrar. Sólo un fogueo y nada más.
Eso somos hoy. Un partido preparatorio. Sólo uno con todas las piezas. Tal como me explicó Rodrigo Calvo, colega de Costa Rica, que le gusta a Guima.
Planteamiento que me deja triste. Tremenda preparación científica profesor. ¡Tremenda! (aplausos)...
Sé que tiene lógica no foguear a los que no van a jugar, pero apostando sólo al talento es casi improvisar. Guimaraes, hombre sabido, jamás lo aceptará.
Pero su risa lo delata. (Lo sabe. Sé que lo sabe). Pero no importa, ya para qué, a mí no me interesa tener la razón. Prefiero que la tenga Guimaraes.
Qué diferente el discurso del profesor Cristóbal, o el diálogo de Ariel Alvarado, que explicó hasta la saciedad los temas. Pero el discurso de Guima no tenía ni una pizca de humildad. Para qué, si él lo sabe todo.