Deportes

Richard Brooks y sus demonios

La prosa del autor de La Calle del Espanto deleita y sorprende por su belleza estilística. Es increíble la acogida que su locura narrativa tiene entre los lectores panameños y de otras latitudes pues se puede conseguir su obra por internet. Mis estudiantes quedaron entusiasmados con su temática y tanto ellos como otros la califican como el fenómeno literario del Siglo XXI en Panamá. Y es que desde La isla mágica de Rogelio Sinán nada se ha escrito que llegue tanto al corazón de los exigentes lectores del país del canal. Más de 60 críticas, reseñas y artículos se ha escrito espontáneamente sobre esta novela tan polémica y controversial por su disparatado diseño. Como ya existe gran expectativa por la nueva composición literaria de Richard Brooks, La Bitácora de la Fantasía, decidimos abordar al escritor y conocer de sus nuevas andanzas literarias. Tienen ustedes sus comentarios y primicias para La Estrella de Panamá.


Es sorprendente la acogida que ha tenido la locura narrativa entre jóvenes y adultos. Los que la leen sienten la necesidad de comentarla, de compartir sus experiencias. Los jóvenes descubren un Panamá histórico que no aparece en los libros de texto, la vida cotidiana de una ciudad caracterizada por su espontáneo bullicio, simplicidad de costumbres y sentimientos de los personajes de la calle. Los adultos tienen la oportunidad de hacer memoria de situaciones vividas, de caminar otra vez por el Parque de Santa Ana, de sentir la emoción de un Salsipuedes muy distinto al de hoy. De bailar en los famosos toldos durante los Carnavales de la Victoria. De asistir a los cines en los teatros Amador, Ancón, Edison, Variedades, El Dorado pagando sólo diez centavos y ver tres películas. La calle del espanto es una crónica alegre de las décadas del 40 y 50. Es participar como protagonistas en el fusilamiento de Victoriano Lorenzo, de los incidentes de la Tajada de Sandía, de los sucesos del 9 de enero. Es una manera distinta de abordar la historia de Panamá. También nos permite hacer un recuento de la literatura panameña y universal desde la perspectiva de un lector apasionado como lo es Richard Brooks.
He notado que son muchas las reseñas, artículos y opiniones expresadas sobre esta novela que ha revolucionado el Panamá Literario.
Los escritores se emocionan cuando los lectores anónimos comentan sus obras. Es la cadena invisible de la comunicación entre los que leen y recomiendan un libro por el impacto que ha ocasionado en ellos. Es la magia de la literatura. Decía Jorge Luis Borges que un clásico es el libro que se lee por distintas generaciones. Y eso ocurre con La calle del espanto, es sencilla su prosa, sin afectación. Se expresa con sinceridad una manera de vivir y de pensar. Cada semana llegan las reacciones a su lectura, incluso los negativas. Y eso es positivo pues en el balance evaluativo de una composición literaria el lector es el soberano y los escritores deben saber escuchar y analizar las críticas que se le hacen. La calle del espanto es quizá la narración más comentada en los últimos años en Panamá y es interesante que una obra sin el apoyo editorial de las grandes empresas publicitarias llegue al corazón de los lectores ávidos de identificarse o de rechazar los dramas que le ofrecen los escritores. Eso demuestra que tenemos en Panamá una actitud crítica entre los lectores, se sabe distinguir entre una novela, cuento, poema o pieza de teatro de calidad y los consabidos "plomos" de la literatura basura. Y en eso ha influido mucho la multiplicación de los círculos de lectura en todo el país. En ellos se hace una lectura reflexiva
Es cierto. Lo barroco surgió como lo diferente frente a lo establecido por los cánones del Renacimiento. Le dio valor a lo cotidiano, a los personajes del común. Desarrolló estilos distintos, innovadores, aplicó la intertextualidad es decir la referencia a otras expresiones literarias. El Quijote de Cervantes, las obras de Quevedo son muestras de enfoques contestatarios en la literatura. En la actualidad reciente lo hizo también Jorge Luis Borges. El barroquismo es la protesta ante lo usual, lo rutinario. Y La calle del espanto es la ironía, la parodia frente a la literatura institucionalizada, se integran en una acción narrativa distintos géneros, se incluye poesía, teatro, crítica literaria, ensayos. El autor se burla de sí mismo. Promueve la lectura de opinión. Y eso lo hace Cervantes con maestría en El Quijote. De cierta manera La calle del espanto es un homenaje a esos escritores de vanguardia, que no temieron revolucionar las formas. Y es que La calle del espanto es la obra de un lector aluvional, es la suma de muchas lecturas. Nada allí es casual. Es el reconocimiento al Panamá Literario, a esos escritores y escritoras que enriquecieron el alma nacional con sus poemas, cuentos, novelas, teatro y ensayos. Asimismo es la perspectiva de la literatura universal en su relación con un lector de otra latitud que percibe un sentir con el cual se identifica. La profesora Isolda De León fue la primera en valorar la locura narrativa de Richard Brooks como una obra barroca, la novela de un lector para sus lectores. Y ese barroquismo explica la plena aceptación de la novela de Richard Brooks. Y su autor por ello la califica como una "locura narrativa".
La narración es un homenaje a mi padre, Richard Brooks llega a Taboga a trabajar en el muelle inglés que faenaba los barcos que hacían la ruta de Alaska a la Patagonia. Allí se casó con una mestiza, mi abuela "Nana", tuvieron once hijos. Luego al morir mi abuelo se trasladan a Colón y allí se establecen como la familia Ríos. Al leer La calle del espanto van a descubrir por qué del cambio de Brooks a Ríos. La nación panameña es la suma de muchas etnias y culturas, lo diferente nos caracteriza. Nuestra identidad es múltiple, somos muchos rostros en uno, lo singular de nosotros es la pluralidad de nuestros orígenes. Somos mestizos esencialmente. Y consideré que al ser Richard Brooks el protagonista de mi locura narrativa, justo era que él fuese su autor. En realidad es un heterónimo, es una manera de darle vida permanente a través de la literatura a un ser histórico. Fernando Pessoa utilizó los heterónimos como una manera de desdoblarse, ser muchos en uno. Los personajes de los heterónimos existen por sí mismos, tienen autonomía cosa que no ocurre con los seudónimos (son nombres falsos). Y Richard Brooks es un ente histórico, un personaje literario y autor de una ficción racionalizada, estoy orgulloso que fuera mi abuelo.
Ello implicaría cambios importantes, pero no necesariamente el cambio de todo.
En 1995, ya concluidas la Guerra Fría y sus secuelas centroamericanas, y una vez la enfermedad me obligó a poner término a mi carrera de político electoral, Teresita y yo planeamos ir a Cuba a visitar al único pariente que le queda en la isla, una tía materna de más de 85 años y ciega, que vive sola en Camagüey.
Poco tiempo antes del viaje asistí a lo que pensé sería uno de mis últimas participaciones como miembro del Comité Directivo en un Congreso de la Internacional Demócrata Cristiana en Bruselas. Inesperadamente, a solicitud de los principales partidos miembros, entre otros el alemán, el español, el chileno y el venezolano, fui electo Presidente de la IDC para el trienio de1995 a 1998.
De golpe mi visita a Cuba, aunque privada, adquirió una significación adicional. Incluí por ello en mi programa entrevistas con algunos altos funcionarios del Gobierno, con dirigentes de la Iglesia Católica en Cuba, con varios Embajadores, y con algunos de los principales disidentes.
Tuve la suerte providencial que mi primera entrevista en La Habana fue con el entonces Nuncio Apostólico Benjamino Stella, cuya recomendación de que en mi trato con los cubanos, incluyendo a los funcionarios de gobierno, dijera todo lo que tenía que decir francamente, pero manteniendo siempre el mutuo respeto ( "diga todo, pero no alce la vos"), me ha servido de guía.
En estos últimos años he seguido visitando a Cuba repetidas veces, incluso en enero de 1998 para presenciar la visita de Su Santidad Juan Pablo II. Cada vez me he sentido más atraído por la belleza de Cuba, el embrujo de La Habana y el talante de su gente que, a pesar de todas las dificultades que atraviesa, sigue expresándose genialmente a través de las artes, sobre todo por su música y su pintura. Me anima el intenso deseo de conocer más a fondo al pueblo cubano en su realidad de hoy y por acompañarlo en su camino hacia un mañana que él mismo debe decidir, y que probablemente nos sorprenda a todos.
En tres ocasiones he tenido la oportunidad de dictar conferencias públicas en Cuba por invitación de prelados de la Iglesia Católica. En diciembre de 1999 dicté una primera conferencia en La Habana sobre "La globalización y la ética cristiana", en el Simposio "La Exhortación Apostólica Ecclesia in America, Implicaciones Antropológicas, Económicas y Sociales". En junio de 2002, dicté una segunda conferencia en Camagüey sobre "La Fe Cristiana y su Proyección Social" en el IV Encuentro Nacional de Historia "Iglesia Católica y Nacionalidad Cubana". Y en enero de 2003, dicté una tercera conferencia en Pinar del Río sobre "Democracia: formación cívica y participación ciudadana" en la Reunión Anual de Animadores del Centro de Formación Cívica y Religiosa, en la conmemoración de su décimo aniversario.
Esta publicación recoge los textos de estas tres conferencias. Además, contiene un artículo sobre la realidad cubana tal como la observé e interpreté personalmente en el período de 1995 al 2000, escrito a solicitud de la Fundación Konrad Adenauer y publicado en su revista KAS / AUSLANDS-INFORMATIONEN en mayo de 2001, bajo el título "Cuba: ¿Sólo resistir y resolver?".
El artículo contiene lo más importante de los diversos escritos que he publicado en El Panamá América, uno de los principales diarios de Panamá, después de casi cada uno de mis viajes a Cuba. No reproduje todos estos escritos, pues habría repetido material que integré en el artículo para la revista de la Fundación Konrad Adenauer. Por la misma razón no he incluido el prólogo que publiqué en la edición de los discursos del Papa y de Fidel Castro en su encuentro en Cuba, bajo el título "Mensajero de la verdad y la esperanza".
Concluyo con un corto ensayo sobre "El choteo cubano y el relajo panameño", publicado en 2001 en El Panamá América, que es un homenaje al cubano y a su cultura a través de la admiración por la obra de ese gran intelectual cubano que fue Jorge Mañach.
A estos ensayos les he dado el título colectivo de Cuba: Hoy y Mañana porque esas son mis dos preocupaciones con respecto a Cuba: quiero comprender lo más que pueda la Cuba actual y conjeturar lo mejor que pueda la Cuba venidera.
Los tres primeros escritos no son específicamente sobre Cuba.
Tratan de temas generales, que pueden interesar a cualquiera persona de nuestro tiempo. Pero fueron escritos para ser dichos desde Cuba y por lo tanto tienen un horizonte cubano como presupuesto y contienen consideraciones sobre Cuba y los cubanos. Los dos últimos escritos sí son específicamente sobre Cuba, en cuanto a su realidad actual y en cuanto a un aspecto de su personalidad cultural en comparación con el aspecto correspondiente de la personalidad panameña.
Abrigo la esperanza que estos comentarios y reflexiones acerca de Cuba no sean rechazados por prejuicios sembrados por los fundamentalistas de cualquier tendencia. Lo que he escrito lo he hecho con criterio propio, por amor a Cuba. No se trata de un amor que empaña la inteligencia, sino que prueba su sinceridad al verse sometido a la prueba de la verdad sobre Cuba, que he buscado afanosamente y que luego he hecho pública al escribir mi aproximación a la misma
A pesar de que en el artículo "Cuba: ¿Sólo resistir y resolver?" señalo la regresión que se vive después de la visita de Su Santidad Juan Pablo II, no pierdo la esperanza. Tengo presente lo que nos enseña San Pablo en su Epístola a los Romanos: "Porque nuestra salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve? Pero si esperamos lo que no se ve, aguardamos con paciencia."


fecha edicion
old id
190259
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América