Felizmente la Comisión Nacional de Carreras dispuso, en su sesión ordinaria de ayer, dejar sin efecto la suspensión de doce reuniones y multa de B/.100.00 que el cuerpo de comisarios había resulto imponer a un grupo de nueve jinetes, la mayoría de los cuales se cuentan entre los más cotizados en nuestro medio.
Y es que no había cabida para otra decisión, que no fuera la revocatoria de la absurda determinación de los comisarios, quienes en su desesperado intento por hacer ver a sus superiores que están adecentando la hípica, no hacen más que el ridículo.
Cierto es que el Reglamento Hípico los faculta para realizar las pesquisas y requisas que las circunstancias le señalen, pero igualmente es cierto que el resto de la humanidad, en este caso los jinetes, tienen derecho a defender su honor y declararse en rebelión cuando se sientan pisoteados.
El informe de los comisarios por ninguna parte explica la génesis del problema. No destaca el hecho, de que los jinetes habían sido objeto de una revisión previa y que un segundo intento de esa índole carecía de sentido, según versiones logradas posteriormente de parte de los afectados.
No propugnamos aquí para que se irrespete a las autoridades, pero si pensamos que entre los deberes y derechos existe un límite intocable.
Hemos visto y oído sobre decenas de registros, de ahora y del pasado, pero han sido rarísimas las ocasiones en que se haya detectado en poder de algún jinete aquel artefacto eléctrico que tanto quita el sueño a propios y extraños.
La credibilidad de la hípica no se recuperará con espectáculos públicos y con acciones de fuerzas que contribuyen más a la confrontación que a la solución de los problemas.
Lo que sucede es que nadie se atreve a ponerle cascabel al gato. Y es que, si lo hacen, seguramente su acción les regresará como "bumerag" y se le estrellará en la cara. ¿O No?...