Deportes

¡Ring!

Suena el teléfono y mi mente dice: puta madre. Hay sangre ardiendo dentro de mi cuerpo. Pero cuando contesto siempre sueno tan amigable, tan feliz, tan dulce.


Yislem Domínguez (Actriz) / Actriz

Suena el teléfono y mi mente dice: puta madre. Hay sangre ardiendo dentro de mi cuerpo. Pero cuando contesto siempre sueno tan amigable, tan feliz, tan dulce. Como dicen los viejos: el que no te conoce, te compra. Me harta sentir ese temblor debajo de mis pies. En esta maldita ciudad no paran de construir. Ni pararán. Me da pánico pensar que un día solo veré concreto a mi alrededor. Qué asco. Ahora veo a los obreros con sus casquitos verdes para protegerse, aunque no creo que esos casquitos verdes los salven si caen de los pisos altos. ¿Acaso no se cansarán de colocar varillas, alambres, cemento y tablas aquí y allá?

Yo llevo menos de dos meses aquí y ya estoy enferma de verlos. Tal vez ellos también estén enfermos de vernos a nosotros dentro de estas oficinas. Puta madre, ha sonado el timbre. A la una de la tarde es la hora de almorzar. Sentarse allí con mis compañeras es una hipocresía, toda una mentira. Hoy me han dicho que llevo un vestido lindo. Gracias, respondo, y pienso: Preferiría quitármelo y quedarme desnuda ¿Quién inventaría los tacones?, le pregunté una vez a mi esposo. Él dijo que de seguro había sido un hombre, y asentí con la cabeza y dije: Claro, si a ustedes les encanta que todas las mujeres parezcan unas putas; son odiosos. Él abrió su boca como queriendo decirme que era injusto que los llamara así, pero luego le aclaré que los odiosos eran los tacones y no los hombres. Reímos.

Otra vez el teléfono. Mierda, número equivocado. Escucho la voz alterada de mi jefecito. Al parecer, hoy ha tenido un mal día. Da igual, nunca la descarga conmigo, sino con una de mis compañeras, que a cada rato me está preguntando cuándo voy a traer el pelo suelto. Últimamente me ha estado enviando correos electrónicos que dicen cómo mantener la buena imagen en la oficina. Y leo algo así como: uñas recortadas, limpias y pintadas con un color suave, maquillaje que te haga ver fresca y radiante todo el día, define tus ojos, pon brillo en tus labios, bla, bla, bla, muchos “consejos”. Mierda y más mierda para mí. Y qué si salgo del trabajo, me quito mis tacones y me pongo mis chancletas aplastadas de tanto andar (porque ni ebria tomo un autobús a la hora pico y mucho menos un taxi, que viene siendo lo mismo, incluso muchas veces con el volumen de la “buena música” más alto que la del “diablo rojo”). Y qué si camino por cuarenta minutos hasta llegar a mi cuarto, donde vuelvo a respirar, donde soy verdad, donde no hay hormiguitas de cascos verdes, no hay sacos ni corbatas, ni tacones, ni ropa de oficina, ni maquillaje, esa mentira que todos somos aquí.

Odioso teléfono, no para de sonar. Tengo un ring, ring, ring en mi cabeza. ¡Ring! A veces siento que la cabeza se me mueve al ritmo de los timbrazos de este puto teléfono. ¡Aaahhhh!… Antonio Meucci, algunas veces te odio por tu invento, y a ti, Alexander Graham Bell, por patentarlo, o como sea que se dio la cosa. Mierda, el timbre. ¡Ring!


fecha edicion
old id
820633
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América