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Rivera: ‘Los milagros existen y no es el final’


El sol caía en Kansas City. El poco público que estaba en las gradas del Kauffman Stadium recordará siempre un suceso que puede marcar el final de la carrera de un gigante del béisbol mundial.

Ante la mirada de sus compañeros y bajo una publicidad que decía “Walk off a Heroe” (el tope de un héroe), se retorcía de dolor el panameño Mariano Rivera, un verdadero héroe, un atleta que es considerado histórico por sus logros en las Grandes Ligas.

Pero a pesar de la crisis, Rivera vuelve a mostrar que es la tranquilidad que existe en el ojo del huracán, al poner ayer en su cuenta de Twitter que no piensa retirarse y que volverá.

 

“Amo este deporte y pienso que no es la forma correcta que me vaya”, comentó.

En otro tuiteo Rivera fue más allá, al decir que “los milagros existen. En mi habitación tomé la decisión anoche (por el jueves), y no es el final”.

Además colgó un mensaje esperanzador: “gracias a mis fanáticos, familia y amigos por sus rezos. Estoy bien y voy a regresar”.

 

Con estas palabras se reafirma que esto no puede ser el adiós de este atleta que es sinónimo de perseverancia y humildad.

Rivera, quien se mide a una novena entrada de vida o muerte, en la que puede salvar o ser víctima de otro “blown safe”, ha dado muestra al mundo que está forjado del mismo material con el que se forjaron los grandes guerreros épicos.

La tragedia.
El hecho tiró al olvido los 608 rescates. Todos sufrían con el dolor de su ídolo y creaban en sus mentes una imagen de cómo sería esa novena entrada en el Yankee Stadium sin escuchar “Enter The Sandman”, señal de advertencia para los contrarios que su tiempo se ha acabado.

 

“Hay lesiones extrañas, y esta es una de ellas”, expresó Joe Girardi, director de los Yanquis de Nueva York. “Hay que permitirle ser un atleta y un pelotero y que se divierta en el terreno. Nunca he visto a ‘Mo’ hacer algo peligroso”, agregó.

Y es que ‘Mo’ hacía lo mismo todos los días, salir con su guante a los jardines a atrapar los elevados bateados por sus compañeros, en la típica práctica de bateo.

Él se divertía y a la vez se ejercitaba de esa manera. Rivera, en esos momentos, era como aquel niño que desea atraparle un elevado a su estrella favorita en la fiesta de jonrones antes del Juegos de las Estrellas, que irónicamente este año se dará en Kansas City, lugar donde puede quedar grabado el posible final de esta gran estrella.

 

Pero, más allá de la lesión de Rivera, se demuestra que su majestad el béisbol es uno de los más ingratos. Y es que el posible adiós, por la puerta de emergencia, montado en un carrito del servicio de mantenimiento del estadio y con una sonrisa consoladora, no era la forma que Rivera le pusiera fin a su carrera.

Es que si hay un jugador en los Yanquis de Nueva York y en las Grandes Ligas que merece salir por la puerta grande, terminando un partido con su recta cortada, ganando o perdiendo, y quizá con su sexto anillo de Serie Mundial, es el panameño Mariano Rivera, el mejor cerrador de todos los tiempos.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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