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Rivera quiere más anillos, para lucir en las manos


Mariano Rivera no podía creer lo que estaba ocurriendo mientras autografiaba sus zapatos de jugar y los entregaba a un funcionario del Salón de la Fama poco después de ser nombrado Jugador Más Valioso de la Serie Mundial.
"¿De verdad que mis zapatos van a estar en el Salón de la Fama? . . . ¡Wao!
"¿En serio?"
Rivera ametrallaba con preguntas al funcionario de Cooperstown de la misma forma que acribilló a los bateadores durante la postemporada: sin compasión.
Rivera le devolvió la sonrisa a una comunidad hispana resentida tras una semana de controversias en la cual el máximo héroe latino del béisbol -el puertorriqueño Roberto Clemente- fue dejado al margen del "Equipo del Siglo".
El apagafuegos panameño trabajó cuatro entradas y dos tercios de blanqueo, obtuvo una victoria y salvó dos partidos durante la serie para reducir a 0.38 su promedio vitalicio de efectividad en juegos de postemporada, el mejor de la historia.
"Tengo que darle gracias a Dios por todo", indicó el derecho. "En realidad no me siento como el mejor relevista del momento. De lo que sí estoy seguro es de que este equipo es el mejor. Sin duda. Olviden lo demás".
Desde que aceptó una carrera en la serie de campeonato de la Liga Americana de 1997 ante los Indios, Rivera ha lanzado 25 entradas y dos tercios sin permitir carreras en juegos de postemporada.
Durante ese período ha sumado dos victorias y 12 rescates. En total, ha cedido apenas dos carreras en 47.1 episodios en partidos de postemporada.
"Sólo he estado tratando de retirar a los bateadores y lo he logrado", apunta con extrema humildad Rivera. "Ni siquiera estaba pensando en este premio (MVP). Fue algo que simplemente ocurrió, pero creo que todos los jugadores lo merecen. Todos son MVPs en este club".
Durante la escandalosa celebración en el clubhouse de los Yankees, Rivera fue abordado por un funcionario del Salón de la Fama que le pidió el guante o los zapatos, lo que el apagafuegos quisiera.
Tras pensarlo brevemente, el panameño decidió entregar sus spikes.
"Ay, mis zapatitos. Los tenía desde poco después del Juego de Estrellas", indicó Rivera al despedirse de su famoso calzado. Su esposa Clara no entendía lo que estaba pasando. "¿Por qué se llevan tus zapatos?, preguntó sorprendida.
Alguien la calmó: "No te preocupes, los llevan al Salón de la Fama".
Los zapatos fueron colocados en Cooperstown el jueves. Rivera y su familia obtuvieron entradas de por vida al Templo Sagrado de la pelota.
"Todo esto tiene un gran significado para mí y para mi familia", dijo Rivera. "Me siento muy feliz de haber lanzado la última pelota de la Serie. Quería estar en esa situación".
Al igual que la mayoría de su compañeros, Rivera ha ganado tres campeonatos en los últimos cuatro años. El panameño empero quiere más.
"Esto no termina aquí. Aún me restan siete dedos para los anillos".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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