Los Rockies ya no saben qué fórmula emplear para acabar con el suplicio de la altura de Denver, que se devora a cuanto pitcher de calibre contratan. La estrategia para el 2002 gira en torno a nuevos rostros, expectativas menos grandiosas y una reducción significativa del costo de la nómina, que era una de las más caras en las grandes ligas.
El año pasado, los Rockies repartieron 172 millones de dólares en los fichajes de los pitchers Mike Hampton y Denny Neagle creyendo que ambos tendrían mejor suerte en el Coors Field de Denver, cuya altura tiende a favorecer a los bateadores.
Todo resultó un fiasco. Los Rockies compilaron marca de 73-89 y terminaron relegados al último lugar de la división del Oeste. Colorado, sin embargo, conservó intacto el núcleo de su plantel, incluyendo al guardabosques Larry Walker, el primera base Todd Helton, Hampton y Neagle.
Pero por lo demás, los Rockies cuentan con un equipo repleto de prospectos, partiendo de la dupla dominicana en el medio del cuadro interior conformada por el intermedista José Ortiz (.255, 13 jonrones y 35 remolcadas) y el torpedero Juan Uribe (.300, 8, 53). Ninguno gana más de 250.000 dólares.
Los salarios individuales de Shawn Chacón (6-10 y 5.06 de efectividad), John Thomson (4-5, 4.04) y Jason Jennings (4-1, 4.58) -los otros tres abridores- no superan los 2 millones. Tanto Hampton (14-13, 5.41) como Neagle (9-8, 5.38) creen la experiencia ganada el año pasado en Colorado les servirá para mejorar su desempeño.