El triunfo de Roger Federer (N.4), este domingo en la final masculina de la 117 edición del Torneo de Wimbledon, en el césped del court central, no sólo significó la primera victoria del suizo en un Gran Slam sino también la del tenis en una prueba que no brilló por su alto nivel.
La competición, que este año repartió un total de 15.600.000 de dólares en premios, incluyendo viáticos, se desarrolló bajo estrictas medidas de seguridad y deparó alguna que otra sorpresa.
Comenzó con la eliminación del favorito número uno, el australiano Lleyton Hewitt, en la primera jornada a manos de un casi desconocido croata, Ivo Karlovic, que, sin pena ni gloria, se apeó también del torneo en la tercera ronda.
En el firmamento del tenis aparecieron nuevos valores, como la rusa Maria Sharapova, de sólo 16 años, y el español Rafael Nadal, de 17. Pero, sobre todo, además de ratificar la supremacía de las hermanas Williams en la rama femenina, la consagración de Federer fue lo mejor que pudo pasar para sacar un balance positivo de dos semanas de juego regular.
El tenista de Basilea, de casi 22 años, no había ganado torneos importantes desde que debutó como profesional, en 1998, tras vencer en juniors precisamente en Wimbledon, con excepción del Masters Series de Hamburgo de 2002.
Federer (1,85 m, 80 kg), a quien muchos señalan como el sucesor de Pete Sampras, jugó, sin lugar a dudas, el mejor tenis de la competición. En un tablero abierto, en las primeras rondas no tuvo rivales de fuste.
Pero tras eliminar en cuartos de final al holandés Sjeng Schalken (N.8) en tres sets (6-3, 6-4, 6-4), el golpe de gracia lo dio en semifinales ante el estadounidense Andy Roddick (N.5), a quien también despidió en tres mangas (7-6 (8/6), 6-3, 6-3) de manera brillante.
En menos de dos horas y con un marcador de 7-6 (7/5), 6-2, 7-6 (7/3), el helvético confirmó las expectativas frente al muy meritorio Mark Philippoussis, quien volvió a su mejor nivel tras dos años de incertidumbre por una rebelde lesión de rodilla de la que lo operaron en tres ocasiones.
En esta última jornada, el dúo integrado por la argentina Paola Suárez y la española Virginia Ruano Pascual (N.1) cayó 6-4, 6-4 ante el de la belga Kim Clijsters y la japonesa Ai Sugiyama (N.2) en la final de dobles.