EL SUIZO Roger Federer demostró a lo largo de toda la temporada 2004 que es el mejor tenista del mundo y, sin lugar a dudas, el "heredero natural" del estadounidense Pete Sampras, que parecía no encontrar émulo, mientras las jugadoras rusas dominaron en el circuito WTA.
Cuando al ganar la final de Wimbledon 2003 ante al australiano Mark Philippoussis, "Fed" rompió a llorar de la emoción, el tenista de Basilea, de 24 años, a quien hasta entonces se consideraba un genio sin palmarés, no podía imaginar que en la temporada siguiente sólo se le escaparía uno de los torneos de Gran Slam, el Abierto de Francia.
La racha continuaría nomás comenzar 2004, y en la final del Abierto de Australia su víctima fue el ruso Marat Safin.