Rivca Zayat /Propietaria de FitSeed Healthy Bakery /fitseedpty@gmail.com
En algunas ocasiones tenemos que cuestionar nuestros hábitos para así autoevaluarnos y corregir lo que sea necesario porque a veces creemos tener un buen hábito que realmente no lo es.
Estos cambios o autocríticas pueden surgir de una autoevaluación, así como también alguien nos puede quitar alguna venda de los ojos y hacernos ver que nuestro superhábito no era tan súper después de todo, por lo que luego debemos aceptar nuestro error.
Este proceso de aceptación es como cualquier otro en la vida, y lo hemos visto ya muchas veces en la psicología tradicional.
El primer paso o nivel es la negación. En cuanto a la alimentación y el tema de las porciones, puede ser en forma de decirnos “pero normal, he comido así toda mi vida, y eso de las porciones es mentira y no me importa, así que seguiré haciéndolo”.
El siguiente paso o etapa para aceptar y romper tus malos hábitos alimenticios es el “odio”.
En este caso, puede que lleguemos a descargar nuestro error de estar mal informados con otros.
Por ejemplo, leeímos en algún lugar o escuchamos que las almendras son lo mejor del mundo. Que tienen muchas propiedades y son una buena fuente de grasas. Luego tomas el comentario como un hecho escrito en piedra, sin tan siquiera averiguar qué porción sería la adecuada en caso de que no haya sido mencionada. Seguidamente, vas a la casa y te comes tres tazas de almendras al día y luego te das cuenta de que una buena porción no son tres tazas, sino 1/4 de taza al día. ¿Crees que ese hábito era bueno o malo?
Inmediatamente, al darte cuenta de la venda que tenías puesta en los ojos por falta de información, vas a relacionar el error con la fuente de la información.
Es completamente natural estar molesto porque cometimos un error. Pero por qué no usar esa molestia y descargarla haciendo ejercicio o tratando de cambiar nuestra mentalidad a una más curiosa, ¿no te parece más productivo?
Otro giro al asunto puede ser como cuando dices “normal, la verdad es que mi meta no es estar dizque fit fit, así que seguiré haciendo lo que hago”. ¡Error!
¿Por qué? Porque esa negociación está invadiendo tu mente. Y cuando decimos negociación, es esa en la que tratas de buscarle sentido a tu error, a todos esos días que has comido mal o no te dan ganas de apegarte a tu nuevo régimen alimenticio y buscas soluciones rápidas, como pastillas, dieta de la piña, del guineo, de cero carbohidratos, del té, de lo que sea. Buscas soluciones a corto plazo. Pero ¿adivina? Esa negociación es muy amiga de la depresión, y cuando nos damos cuenta de que cometimos un error, y no afrontamos nuestras acciones, nuestro régimen alimenticio empeora y nos vamos cuesta abajo en el clásico círculo vicioso de malos hábitos que jamás acabarán.
¡Pero! finalmente vemos la luz y pasamos a la etapa de la aceptación y entramos en paz con nuestras acciones. En este momento, realizamos nuestro error, lo aceptamos y queremos mejorar.
Escuchamos consejos y utilizamos nuestro nuevo conocimiento y nuestra recaída o falta de información como herramienta para no cometer los mismos errores, he aquí una actitud proactiva y productiva.
Y, ufff, este proceso de aceptar errores de algún mal hábito puede durar desde unas horas para algunos hasta días para otros. Y lo digo por experiencia propia, a mí me toma un par de días procesar, aceptar y entender que cometí un error para entonces poder aprender de él, pero yo no me rindo y tú tampoco lo debes hacer.
Así que pa’lante como diría el buen panameño, y recuerda, cada persona tiene su tiempo para lidiar con sus decisiones en cuanto al cambio de hábitos, y el romper los malos hábitos es un proceso de aceptación como cualquier otro.
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