Ricky Rubio, el querubín de la selección española, vivió la clasificación para la final olímpica como un chico de 17 años consciente de que es una ocasión excepcional, quizá única en la vida de un deportista, que quiere "disfrutar".
"Da igual tener 17 que 28 años. Hay jugadores que nunca tienen esta oportunidad. Hay que disfrutarlo porque yo no sé si volveré a jugar una final olímpica", comentó el capitán de la nave hispana junto con Raúl López ante la ausencia de José Calderón.