La historia de Panamá por fin contará una victoria, un éxito que borra el fracaso de otros tiempos y otras disciplinas.
Irving Saladino cambió la constante del deporte panameño, emuló su condición de campeón, pero esta vez fue romántico, era en una olimpiada, en un Beijing, inolvidable, en un lunes distinto, para guardar en la memoria y para contar a las futuras generaciones.
Esa medalla que a partir de hoy colgará del cuello del saltador colonense es la primera de Panamá en su historia olímpica y se suma a las dos de bronce conseguidas por el velocista Lloyd LaBeach, en Londres 1948.
La historia y la estadística dirán que su registro ganador no fue el mejor, apenas 8.34 metros en el salto de longitud, donde no hubo récord, algo extraño para unos Juegos que han visto cómo se pulverizan marcas mundiales y olímpicos en otros deportes.
Esos 8.34 metros quizás sea la "espinita" clavada que Beijing le deje a Saladino, quien con sus gestos mostró su disconformidad con ese registro.
Al trabajo.
Esta medalla es el fruto de un trabajo realizado con tiempo y es la mejor forma de cerrar un ciclo que inició hace cuatro años cuando Saladino salió de Atenas con una lesión en una pierna, pero con la firme convicción de volver a una cita olímpica, pero esta vez como el principal candidato y no fallo ni les falló a quienes lo han apoyado.
La historia contará que el lunes 18 de agosto de 2008 Panamá amaneció con una ligera neblina, la mañana fría y con 3 millones de habitantes pendientes de las noticias procedentes de la capital de China.
Las crónicas contarán que las expectativas eran enormes, pero con una fe ciega que aquel hijo de Colón podría hacer realidad el sueño del deporte panameño, lastimado por falta de éxitos olímpicos.
La competencia.
Los panameños veían cómo los rivales más peligrosos caían uno por uno. Primero el italiano Andew Howe, quien en el Mundial de Osaka 2007 ofreció dura resistencia, pero en Beijing lo mató la ansiedad, al igual que al griego Louis Tsatoumas.
La grandeza de las Olimpiadas la hacen tus rivales que se agrandan porque el evento lo exige y no hay enemigo pequeño, por eso no es de extrañar la labor del sudafricano Khotso Mokoena, con 8,24 y el cubano Ibrahim Camejo 8.20.
En fin.
Quizás en 100 años algún curioso quiera conocer la historia de Panamá, pero no la política, sino la deportiva.
Contarán que el 2008 en China se celebraron unos Juegos Olímpicos y tras 60 años de espera, por fin Panamá vivió una mañana dorada.
"Alcanzamos por fin la Victoria", dice el primer verso del Himno Nacional, frase que nunca fue tan real ni cantada tan alto... Irving Saladino, una historia merecedora de un premio de la academia. Un Oscar a la mejor actuación de un deportista panameño.