El béisbol es un deporte que a través de los años nos ha llenado de orgullo a los panameños.
Cada vez que vemos cómo un pelotero local se convierte en profesional, nos da mucha alegría porque eso simboliza que hay más jugadores fuera de frontera dejando el nombre de Panamá en alto. Además de que mejoran su situación económica.
Sin embargo, cuando eso provoca bajas importantes en los equipos dentro de la categoría Mayor, tenemos que hacer un alto para reflexionar sobre el asunto.
Consideramos injusto, tanto con los cuerpos técnicos como con el resto de los jugadores, que estos jugadores abandonen a esos conjuntos cuando el campeonato está en marcha. Aunque también debemos considerar que las ligas provinciales y los grupos que las apoyan los contratan con el riesgo de que, tarde o temprano, se retiren por una firma o porque los convocan las organizaciones profesionales a las que pertenecen, si ya están firmados.
Pensamos que los dirigentes deben evaluar a qué peloteros van a contratar. Si son agentes libres, como fue el caso de Javier Castillo, se debe establecer una cláusula en sus contratos que certifique su permanencia durante todo el torneo.
En el caso de ya estar firmados, debe coordinarse con sus organizaciones para asegurarse de que permanecerán en sus equipos el mayor tiempo posible.
Las ligas provinciales, con el aval de la Federación Panameña de Béisbol, deben regular mejor este asunto.