Dos terremotos en un mes y una seguidilla de réplicas, algunas con grandes magnitudes, tienen en ascuas y con los nervios de punta a este país que ya ha perdido a más de un millar de personas y sufrido monstruosas pérdidas económicas a raíz de los siniestros.
Los remezones están creando una verdadera sicosis.
"El gran problema que enfrentamos entre los damnificados es ese miedo tan arraigado porque sienten que la tierra no se tranquiliza", dijo a Pedro Carvajal, que dirige una misión humanitaria de médicos, sociólogos y militares socorristas. "Hay mucho estrés, mucha ansiedad. La gente se asusta con nada".
"El pedido de tranquilizantes abunda", dijo, por su parte, la farmacóloga salvadoreña María Antonia Hernández.
Los salvadoreños sufrieron el 13 de enero un terremoto de 7,6 grados de magnitud que mató a 844 personas, hirió a 4,723 y dejó a 1,329,806 damnificados. Un mes después se registró otro potente sismo de 6,6 que azotó poblados rurales del centro del país y mató a 402 personas.
El sábado un tercer movimiento telúrico de 5,3 con epicentro al sur del área metropolitana acrecentó la alarma entre los salvadoreños, que salieron despavoridos a las calles. Algunos temblaban, mudos por el miedo.
Esto no será nada fácil. Los salvadoreños están muy espantados y algunos, incluso, hacen un pronóstico apocalíptico de que todo esto podría ser el fin.
Algunos residentes en la capital han optado por dormir fuera de sus casas o apartamentos por temor a los remezones.
ORAN PARA QUE LA TIERRA DEJE DE TEMBLAR
La mujer y sus pequeñas hijas se hincan durante la misa y alzan sus brazos para pedir a la virgen de Guadalupe que deje de temblar.
"Madre santísima protégenos y darnos fortaleza para resistir lo que nuestro Señor manda", dice María Díaz, junto a sus hijas Gertrudis, de 4 años y Jeny, de 5.
"Protégenos, nunca nos desampares", agrega la mujer de 36 años, durante una misa en la plaza central de la montañosa población de Guadalupe, 74 kilómetros al este de la capital salvadoreña.
Guadalupe, con más de 5,000 habitantes, está hoy convertida en un pueblo fantasma, luego que más de 300 casas de adobe se desplomaron, dejando toneladas de escombros que cubren pequeñas y empedradas calles.
¡AGUA, POR EL AMOR DE DIOS!
En la carretera que conduce de Zacatecoluca, departamento de La Paz, a San Salvador, una joven madre con su niño en brazos sostiene un cartel escrito con carboncillo y muchas faltas de ortografía: "pedimos una ayuda urgente porque no emos resivido nada de la alcaldia".
Grupos de mujeres, niños y adolescentes se arremolinan en cada punto que se detienen, en la carretera que une la capital con San Vicente, cabecera del departamento del mismo nombre. El clamor es el mismo: agua y alimentos.
PRESIDENTE PIDE MANTENER LA CALMA
El presidente de El Salvador, Francisco Flores, pidió a los salvadoreños mantener "la calma" ante las constantes réplicas que sacuden al país tras terremoto, como la que sacudió con fuerza a la capital el sábado.
En cadena de radio y televisión, el presidente Flores precisó la noche del sábado que tres personas resultaron heridas tras el temblor, cuya magnitud fue corregida por el Centro de Investigaciones Geotécnicas (CIG) al asegurar que fue de 5,1 grados Richter y no de 5,3 grados como informó inicialmente.
SOCORRISTAS EN TAREA VITAL
Soldados mexicanos que habían regresado a su país una semana antes del segundo terremoto retornaron de nuevo a zonas destruidas salvadoreña para brindar asistencia médica a decenas de afectados.
El grupo integrado por 65 soldados mexicanos, entre médicos especialistas y enfermeras, ha montado un hospital bajo verdes carpas de lona en un polvoriento campo de fútbol de la destruida ciudad de San Vicente, en la región central del país, a unos 60 kilómetros al este de la capital.