Con uno de los más sangrientos ataques de los últimos meses, que deja 43 muertos entre policías y rebeldes, las FARC prosiguieron ayer su campaña militar de respuesta al Plan Colombia, la estrategia del Gobierno contra el narcotráfico.
La campaña, que comenzó el miércoles pasado, le ha costado la vida a siete civiles y ha dejado heridos a 27.
Durante casi once horas hombres de los frentes 21 y 50 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) asaltaron ayer Roncesvalles, en el departamento de Tolima, suroeste del país, y acabaron con la vida de 13 de los 14 agentes del puesto de Policía.
En el ataque también murieron cinco insurgentes, que cayeron en el casco urbano de la población, así como otros quince que el Ejército asegura haber abatido en la persecución.
Dos de los cuerpos de los agentes quedaron tendidos en un predio cercano a la estación y el resto dentro de la edificación, destruida por cilindros de gas rellenos de dinamita y metralla que usan los rebeldes.
Los policías fueron ejecutados después de que, a las 8 horas del sábado (13.00 GMT), se les agotaron las municiones, denunció el director de la Policía, el general Luis Ernesto Gilibert.
"Eso fue una masacre", dijo conmovido Gilibert, quien calificó el hecho como una violación del derecho internacional humanitario.