El piloto alemán Michael Schumacher (Ferrari) ha cerrado con su triunfo en el Gran Premio de Bélgica un ciclo que comenzó exactamente hace diez años en el mismo circuito, Spa-Francorchamps, donde batió el récord de Alain Prost, de 51 victorias en Grandes Premios de Fórmula Uno. Schumacher asumió que una etapa de triunfos y títulos que le han convertido en una leyenda ha llegado a su fin, pero en la pista dejó bien claro que el ciclo que se ha abierto tras el campeonato y los récords conseguidos en 2001, tendrá la misma característica que hasta ahora: un dominio aplastante sobre sus rivales.
En septiembre de 1991, Schumacher con 22 años, debutó en la escudería Jordan Ford, equipo con el que disputó el Gran Premio de Bélgica, para el siguiente, quince días después, correr ya en el de Italia con Benetton-Ford, con el que estrenaría su historial un año más tarde también en Spa-Francorchamps, una de las pistas más duras y rápidas del mundial.
Ayer, con su cuarto título mundial ganado hace quince días en Hungría, el piloto, que ha devuelto a Ferrari a la primera línea de la actualidad de la Fórmula Uno, demostró que ni con el campeonato en el bolsillo está dispuesto a ceder un ápice a sus rivales y que seguirá ganando y batiendo récords.
La superioridad de Schumacher empieza ya a ser tan insultante que reconoció que, incluso, ayer a punto estuvo de abandonar la pista por una falta de concentración debido a que en la décimo quinta vuelta "jugaba demasiado con los botones" que lleva en su volante. El piloto de Ferrari no se recató y empleó el verbo "jugar", mientras sus rivales se peleaban a casi medio circuito del líder por unos puntos que les sirvieran para subir al podio o por el subcampeonato del mundial. Solo algún periodista se llevó las manos a la cabeza al escuchar los términos en los que alemán se refería a una carrera de Fórmula Uno.