Al comienzo, unos 150 niños vestidos con capas de color marrón trajeron la sabiduría y la modernidad y ellos recibieron la luz del roble, árbol colocado en el centro del estadio, que representa las horas de enseñanza de Hipócrates, padre de la Medicina, en el año 420 a de JC. en la isla griega de Kos, a su discípulos.
El roble del estadio, de 26 metros de alto y 23 de ancho que pesa 35 toneladas, y fue hecho de plástico confeccionado por ocho escultores durante dos semanas, con 195.000 hojas.
Las delegaciones deportivas desfilaron por el estadio, encabezadas por una voluntaria vestida, cada una con un traje blanco diferente de diversas capas, haciendo las veces de una cascada, acompañadas de un interprete de lenguaje sordomudo que indica el país, quienes pese a que no escuchan los sones de los tambores, sentían las vibraciones y el ritmo a medida que avanzaban, en una ceremonia en la que estuvieron presentes el presidente del Comité Olímpico (COI), el belga Jacques Rogge; y el presidente honorario del COI, el español Juan Antonio Samaranch.
La presidenta del Comité Organizador para los Juegos Olímpicos y Paralímpicos ATENAS 2004, Gianna Angelopoulos-Daskalaki, se dirigió a continuación al público y declaró: "acogemos los valores que resaltan los Juegos y a los atletas que vienen de todos los puntos del mundo y que son los embajadores de esos valores (la fuerza, la belleza, la diversidad, la fraternidad)".
"Ustedes encarnan lo mejor de cada uno de nosotros, la aspiración espiritual que nos lleva a alcanzar metas".
La ceremonia fue posible con la ayuda de 3.000 voluntarios, de los cuales 400 voluntarios actuaron el mayor de 70 años y el menor de ocho).
La bandera paralímpica dio la vuelta del estadio en manos de ocho atletas.
Es la primera vez que los Juegos Paralímpicos son efectuados en la cuna del olimpismo
Oscar De la Hoya noqueando a Bernard Hopkins por la cuenta completa, sería tan sorprendente como James "Buster" Douglas fulminando a Mike Tyson, o Henry Cooper derribando a Muhammad Alí.
Pero, Bernard Hopkins noqueando a De la Hoya, no lo sería. Como no lo fue ver a Tommie Hearns destrozando a Pipino Cuevas, o George Foreman liquidando a Joe Frazier en Kingston, Jamaica, en 1973.
Todo lo que haga evocar a David vs Goliat (De la Hoya contra Hopkins, una analogía) siempre atraerá a multitudes. De la Hoya, quien ganó el primero de sus seis títulos mundiales en 59 kilos, retará este sábado a Hopkins por el trono absoluto de los 72.600 kilogramos.
Sin embargo, en términos monetarios, De la Hoya, de 31 años, hace ver muy pequeño a Hopkins, de 39 calendarios y quien no pierde desde hace 11 años, cuando Roy Jones lo superó por puntos.
Para la pelea de su vida, Bernard Hopkins eligió cierta música que quiere escuchar en el cuadrilátero como testimonio sobre sí mismo. Cuando suba al ring para enfrentar a Oscar De La Hoya, boxeador estadounidense de origen mexicano, no será al ritmo de rap. En lugar de eso, Frank Sinatra cantará suavemente "A mi manera" "Saltaré (al cuadrilátero) con el viejo ojos azules (Sinatra)", dijo Hopkins.
La elección de la música es adecuada. Si un boxeador ha hecho las cosas a su manera, es Hopkins. Ha pasado su carrera enfrentando a promotores, entrenadores, agentes y cualquier otro del que sospechara pudiera haberse aprovechado de él. Su talento no es cuestionado, pero parecía que estaba destinado a dilapidar su oportunidad de ganar realmente mucho dinero.