Inicia octubre y culminamos una serie de cuatro columnas dedicadas al tema de la retórica, o arte del bien decir, en las que hemos repasado uno de los elementos que entran en juego al momento de embellecer una expresión, potenciando a la vez las significaciones de lo que estamos expresando: frases, la mayor parte de ellas en latín, que aluden a hechos históricos y que bajo ninguna circunstancia debemos permitir que reduzcan nuestra capacidad de recepción de un mensaje. Veámoslas:
—“Espada de Damocles”: evoca un peligro inminente. En la Sicilia del siglo IV antes de Cristo imperaba el tirano Dionisio. A la sombra del trono medraban aduladores profesionales, los que a veces exageraban tanto que enfadaban al propio gobernante. El más locuaz era Damocles. Dionisio, para escarmentarlo, le concedió el honor de ocupar su trono por un día, al final del cual le ofreció una cena de gala. Orondo ante el premio recibido estaba el cortesano cuando el tirano le pidió que alzara la vista: colgando sobre su cabeza, atada por un cabello, estaba una pesada espada. Hasta allí llegó la alegría del adulador, de inmediato devolvió las togas y declaró haber aprendido que sobre los poderosos siempre penden amenazas terribles.
—“¡Eureka!”: es el siglo III antes de Cristo; Arquímedes, un científico, descubre la fórmula para comparar peso y volumen estando en su bañera; su alegría es tal que corre hasta el palacio, desnudo y chorreando agua, para comunicar al rey su descubrimiento, mientras grita “¡La encontré, la encontré!” (¡Eureka, Eureka!) Hoy sigue siendo una expresión que celebra un descubrimiento importante.
—“Fulano y Zutano”: esta no es una frase retórica, es el minuto de comerciales de la columna. ¿Sabía usted que estos nombres posiblemente aluden a dos dioses romanos, Fabulano y Statano, a los que se invocaba para que enseñasen a hablar y a caminar a los bebés? ¿O que ‘tocayo’ se deriva de una frase en latín que respondía la mujer cuando su futuro esposo le preguntaba su nombre: ‘Ubi tu Cayus, ibi ego Caya’ (Donde seas llamado Cayo, me llamarán Caya), y que de allí se deriva la costumbre de algunas mujeres de adoptar como suyo el apellido del esposo? Fin del comercial.
—“In situ”: “En el sitio”: se dice de quien está en el lugar donde ocurrieron los hechos.
—”Jauja”. En tiempos de la Colonia, esta localidad peruana era célebre por su clima y sus riquezas minerales. Hoy se alude así a una nación imaginaria, donde se vive como en un paraíso. Babia, población española a la que se retiraban los reyes en el Medioevo, cumple esta misma función, aunque con la connotación de “desconocer la realidad”.
—“Rubicón”: era un río italiano; cruzarlo estaba prohibido para los generales romanos, puesto que representaba una sublevación. Cuando lo hace, en el año 40 antes de Cristo, Julio César exclama: “Alea, jacta est” (“La suerte está echada”). Hoy significa que se da un paso definitivo, para el cual no hay regreso.
—“Victoria pírrica”: en el siglo III antes de Cristo, el rey griego Pirro comandó una batalla contra los romanos en el sur de Italia; la ganó, pero con tantas bajas en su ejército que renegó de la victoria. Hoy se le da su nombre a quienes vencen, pero pierden mucho.
—“Vis a vis”: cara a cara; uno frente al otro.
Claro, quedan numerosas frases en el tintero; sin embargo, esperamos que estas columnas hayan servido para motivar en usted el interés por conocer más a fondo esas herramientas retóricas que, usadas adecuadamente, incrementarán la calidad de sus exposiciones.
Que la palabra te acompañe.