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Se puede herir a un hombre sin matar sus sueños

Un policía, a prima noche, realizó un acto de estupidez: disparó su arma contra un joven de 24 años, cuyo único pecado fue protestar contra los abusos. Con el proyectil en la cabeza, a sus 48, el hombre da significado a la palabra "sacrificio".


Este mes cumple 24 años de tener un proyectil calibre 38 alojado en su cráneo. Alguna vez salió del país en silla de ruedas, pero tiempo después se levantó para caminar y perseguir sus sueños. Su vida es una sucesión de milagros. “He sufrido mucho”, asegura, pero su historia es un genuino testimonio de que hay voluntades tan fuertes que aguantan hasta un balazo.

Rogelio Augusto Leslie Crichlow mide 6 pies y dos pulgadas, tiene 48 años y vive en La Boca, corregimiento de Balboa, antigua Zona del Canal. Es panameño, creyente en Dios, esposo, padre de familia, profesor universitario, ambicioso y protagonista de una historia de dolor y lucha; de esperanza y fe; de sangre y sudor; de amor y solidaridad.

 

Contra todos los pronósticos, recientemente se recibió de abogado en la Universidad de Panamá y se confiesa un “radical en cuestiones de la fe”. No es para menos.

En todos los problemas del barrio estaba aquel chiquillo de por medio defendiendo a la gente al mejor estilo de su héroe, Perry Mason. Fue tanta la pasión, que su padre, un ingeniero de la Panama Canal Commission, lo llamaba cuando había alguna desavenencia cerca del vecindario: “Anda, que allá necesitan un abogado”, le decía.

En casa de los Leslie la última palabra la tenía el papá, aunque muchas veces debió enfrentar las argucias del “pichón de abogado” que se valía de algunas tretas de “Trespatines” para tratar de evadir el castigo cuando se sabía culpable de alguna travesura.

 

“Siempre mi papá nos inculcó disciplina desde niños y eso nos sirvió para afrontar la vida”, reconoce Leslie. “Incluso, a pesar de los ingresos que mi papá tenía como empleado en la Zona del Canal, no nos daba todo lo que queríamos, medía mucho lo que nos daba”, dice.

Rogelio Leslie recuerda haber tenido que luchar desde muy temprano para obtener el reconocimiento y respeto de los demás. “Tenía una ambición sana”, aclara, y explica que esa ambición se vio reforzada por los vejámenes y menosprecios.

“Eran los tiempos del chombito y el menosprecio, por lo que había que esforzarse el doble para demostrar que eras el mejor; mi niñez fue bastante estresante”, asegura con un brillo en la mirada y añadió que siempre soñaba con ser alguien mejor.

 

Rogelio Augusto nunca se sintió a gusto viviendo en San Miguel y uno de sus sueños era salir de allí. Sus añoranzas se cumplieron cuando su juventud transcurrió entre San Francisco y Parque Lefevre y sus estudios primarios transitaron por las escuelas República de Chile, Pedro J. Sosa, el St. George, el Instituto Justo Arosemena y el Colegio José Antonio Remón Cantera, hasta llegar a la Universidad de Panamá, donde repentinamente todo se tornó diferente.

Sobre una gran mesa redonda y de cristal, instalada junto a una gran ventana, que deja ver un llano verde y por donde se cuela sutilmente el sol, el orgulloso abogado, en medio de risas y llantos, contó su historia como un testimonio para refrescar la memoria de sus contemporáneos y darle un ejemplo a la juventud.

Leslie fue campeón en diferentes disciplinas deportivas y llegó a integrar las preselecciones nacionales en Voleibol y Atletismo, pero “una decisión de Noriega”, como dice él, le impidió representar al país en competencias regionales, debido a que se decretó una “austeridad nacional”, conculcando con ello toda participación deportiva en el exterior.

 

Su vida transcurría como la de cualquier persona. En la universidad lideró, junto a un grupo de compañeros, un movimiento que tuvo como resultado que por primera vez en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas se creara el “Primero C”, ya que antes sólo había dos grupos de primer año en la carrera y eso daba lugar a que muchos estudiantes buenos quedaran excluidos. Pero, cuando su vida estaba por las nubes y sus metas se veían en el horizonte, llegó el balazo.


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298902
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América