Esta semana entramos al segundo semestre de la temporada hípica, periodo que se espera sea crucial.
Decimos crucial, porque a pesar de que se ha evidenciado un marcado entusiasmo entre los apostadores y los compradores de caballo, no cabe la menor duda de que el encarecimiento del costo de la vida en el país ha obligado a muchos hípicos a realizar ajustes en sus gastos y, en consecuencia, las apuestas se han visto un poco mermadas.
Además del escenario económico que describimos arriba, hay que reconocer que no se han podido realizar la cantidad de carreras locales que se proyectaba, por lo reducido de la población caballar.
Pero en los meses por venir, irán estrenándose más equinos y el calendario de clásicos entrará en su fase más intensa, lo cual debiera provocar una movilidad importante en el negocio, especialmente en el renglón de las apuestas del cual dependen todos los actores de la industria hípica.
Las cifras extraoficiales a las cuales hemos tenido acceso no son para alarmarse, ni nada por el estilo, pero definitivamente que en función de promedio de apuestas que ha ido creciendo en los dos últimos años, se está por debajo de las expectativas.
Ojalá que en estos seis meses se puedan programar más carreras por semana e incluso presentar de vez en cuando cuatro reuniones semanales, para alcanzar los niveles esperados.
La realidad es que los ciudadanos tienen otras prioridades, pero conocemos de la fidelidad de los hípicos, por lo que poco a poco se irán nivelando las cargas.