Muchos, la inmensa mayoría, encuentran difícil, hasta utópico la victoria de Senegal sobre Francia en la inauguración del Campeonato Mundial de Corea y Japón 2002 a escenificarse mañana, viernes en Seúl.
Pero si hurgáramos en las profundidades históricas y socioeconómicas que anteceden a este partido, nos encontraríamos con una realidad muy distinta a la percepción generalizada del común de los aficionados e inclusive de los más eruditos en esta apasionante disciplina deportiva. Les recomiendo, caros lectores, realizar un acucioso diagnóstico sobre todos los antecedentes de éste cotejo para no partir de una premisa falsa y emitir un pronóstico equivocado sobre el marcador del choque inaugural.
Más allá del incuestionable poderío de los actuales campeones del mundo, considero que existen otros factores extra futbolísticos de mucho peso para arriesgarse calculadamente por un buen resultado para el seleccionado africano. Y porqué no, el conjunto senegalés, infinitamente con menos pergaminos que el seleccionado galo, también posee contundentes argumentos futbolísticos para dar el salto cuántico en el firmamento de Corea y Japón 2002. Veamos:
Aunque ya han transcurrido varias décadas desde que los senegaleses se liberaron del yugo francés, sin embargo, aún subyace una estrecha relación entre africanos y europeos, gracias al mágico influjo de un balón de fútbol.
La otrora colonia francesa, como en antaño, continúa trasegando materia prima desde Dakar hacia París. La diferencia (enorme diferencia) estriba en que la materia prima refinada en el continente europeo, ahora comienza a redituar en la pequeña nación del continente negro.
Forjados casi desde la adolescencia en los clubes de la liga francesa, los nombres encabezados por su goleador El Hadji Diouf y el cerebro de Khalilou Fadiga no sólo relumbran con luz propia en el cielo europeo sino que también comenzaron a diseñar un nuevo mapa en el universo futbolístico, cuando a punta de goles, buen fútbol y mucho carácter lograron la clasificación a la cita mundialista dejando en el camino a rivales de mayor tradición y raigambre como Marruecos, Egipto y Argelia, además de Namibia.
Al partido Francia frente a Senegal podríamos catalogarlo como un choque fratricida, algo impensado hace apenas un par de décadas, cuando el continente negro comenzó a transformarse al encontrar el camino de su liberación. La liberación de un continente que, por ironía determinó la obtención del Campeonato Mundial del equipo que hoy dirige Roger Lemerre como anfitriones en Francia 98.
Aquel título conquistado por el plantel, entonces, orientado por Aimé Jaquet, sin negar la extraordinaria calidad de sus jugadores, se fundamentó en factores extra futbolísticos, entre ellos, el deseo de reinvindicar las etnias representadas en sus principales figuras como Zidane (Argelia); su actual capitán Dessailly (Ghana); Henry (Jamaica); Djorkaef (Armenia); Thuram (Guadalupe) entre otros, a los que se suman en este mundial Makelele (Congo) y Vieira (Guinea).
Hoy, cuando sus etnias marginadas por la xenofobia y el racismo fueron reinvindicadas gracias a su talento futbolístico, a los jugadores de esta selección francesa les quedan pocos o casi ningún logro que obtener, pues ya lo ganaron todo, o casi todo, tanto a nivel de clubes como defendiendo la casaca de los bleus.
Motivación, el valor agregado del gran equipo que conformó Jaquet en Francia 98, pareciera que se hubiese perdido en el plantel que ahora conduce Lemerre en Corea y Japón 2002, aún más con la ausencia de su líder Zinedine Zidane.
En esta ocasión, además del impresionante crecimiento futbolístico del seleccionado africano, existen otros factores (de mucho peso) que jugarán a su favor.
Hagan sus apuestas.
En el partido de Chile 1-Francia 0, el 19 de julio de 1930 en el Estadio Centenario (inaugurado apenas 24 horas antes), el árbitro uruguayo Anibal Tejada concedió un penal a favor de Chile, por falta de Marcel Capelle sobre Eberardo Villalobos. Iban 40 minutos de juego.
Fue el primer penal (regla XIV) sancionado en las Copas del Mundo. También fue el primer penal desaprovechado, ya que el gran portero francés Thépot, titular en 31 partidos de 1927 a 1935, logró desviar el disparo de Carlos Vidal desde los once pasos.
En la VI Copa del Mundo (Suecia"1958), hubo 126 goles en 35 partidos, con un promedio de 3.60.
El record de JUST FONTAINE no ha sido superado: 13 goles en el mismo torneo.
Fontaine jugaba para Francia, pero nació en Marruecos el 18 de agosto de 1933. Clubes: Unión Deportiva Marroquí; Olympique Nice; Stade Reims. Con la blusa azul de Francia, jugó 20 partidos, y convirtió 30 goles.
Otras figuras de relieve para la escuadra francesa, fueron RAYMOND KOPASEWSKI (KOPA), BERNARD LACOMBE, ALAIN GIRESSE, MANUEL AMOROS, LUIS FERNANDEZ, y, sin lugar a dudas, MICHEL PLATINI.
A ellos se agregan ZINEDINE ZIDANE con sus espectaculares anotaciones a Brasil, LAURENT BLANC con el único "Gol de Oro" (ante Paraguay), y varios de los flamantes campeones, que han sabido dejar en lo más alto, el nombre de Francia, vencedor en calidad de invicto, del último Mundial del siglo XX.
De ellos, son 14 los que repiten Mundial. Precisamente, no estará ZIDANE, que se lesionó el domingo último en el amistoso con Corea del Sur (3-2). Por su parte, el portero FABIEN BARTHEZ, a punto de cumplir sus 31 años, ya no es el gigante de reflejos siempre encendidos. Con 34 años, YOURI DJARKAEFF, ahora en el Bolton Wanderers inglés, llegó por casualidad a un puesto que antes fue suyo. Ha madurado en cambio, el franco-argentino DAVID TREZEGUET, con 24 años, y una titularidad envidiable en el campeón italiano Juventus, y en la propia selección.
¿SENEGAL es una sorpresa?...No lo creemos, ya que sus 23 jugadores militan en la Liga de Francia. Con 42 años de balompié organizado, y apenas un segundo lugar en la Copa de África, confía únicamente en la juventud de su número 11, EL-HADJI USSEYNU DIUF, y la experiencia de su número 10, centrocampista, KHALILOU FADIGA, para hacer frente al monarca que comienza a defender su reinado. Nos parece excesivamente poco...
Senegal hacia el salto cuántico
Aunque ya han transcurrido varias décadas desde que los senegaleses se liberaron del yugo francés, sin embargo, aún subyace una estrecha relación entre africanos y europeos, gracias al mágico influjo de un balón de fútbol.