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En las dos columnas anteriores nos hemos ocupado del tema de la retórica y los elementos potenciadores de la comunicación que ella abarca, enfocándonos en las frases que se usan a manera de alusión a hechos históricos, algunas en latín.

Contrario a lo que muchos creen, explicamos que estas frases no tienen por qué oscurecer el sentido de una expresión, sino que pueden embellecerla y fortalecerla, cuando se usan bien y oportunamente, porque, en efecto, retórica es el arte del bien decir (“Ars bene dicendi”). Hoy continuamos, siguiendo el orden alfabético planteado desde el inicio:

—“Cogito ergo sum”: “Pienso, luego existo”. Así razonaba Renato Descartes en su “Discurso del método” cuando planteaba que, si todo era falso como él creía, al menos él debía existir (ser), puesto que lo pensaba. He notado que surge una confusión en ciertos usuarios de la cita, que creen que ese “ergo”, traducido como “luego”, se refiere al adverbio de tiempo (“más tarde”), cuando en realidad es una conjunción ilativa (“por tanto, por consiguiente”).

 

—“Conditio sine qua non”: “Condición indispensable (sin la cual no…) ”Por ejemplo, ser mayor de edad es una condición sine qua non para quien aspire a ejercer un cargo público.

—“Corruptio optimi pessima est” (“La corrupción de los mejores es la peor". La expresión tiene varios padres pero una sola interpretación: el hombre probo que es tentado por el mal, y cae, provoca los mayores daños, para sí y para los demás.

—“Desde lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos nos contemplan”: era yo un niño cuando leí esta frase en una biografía de Napoleón que había en casa; lo primero que me vino a la mente era cómo cabían tales alusiones históricas y matemáticas en la mente de un general que arengaba a sus tropas antes de una batalla tan crucial como aquella “de las pirámides”, en 1798. Imagínense, pelear bajo semejantes testigos. Ah, pero Napoleón era Napoleón (y esa batalla la ganaron).

 

—“Deus ex machina”: “Dios que surge de la máquina”. En el teatro griego, ante una situación insoluble, solía bajar al escenario, deslizándose por medio de una polea, un dios que resolvía todo; y así se denominaba este recurso. A mis alumnos de los cursos de literatura suelo embromarlos con esta frase, cuando tensan una situación al máximo y luego la resuelven de un plumazo inverosímil. El paternalismo y otras prácticas políticas bien pueden verse hoy como una suerte de “Deus ex machina”.

—“Discusión bizantina”: Dicen que los turcos estaban a punto de caer sobre Constantinopla en 1453 y los eruditos del patio (bizantinos, por Bizancio, como se conocía antes a esa colonia griega) se ocupaban en determinar cuántos ángeles podían acomodarse en la cabeza de un alfiler. Tal vez la cuestión teológica era fundamental en ese momento, pero hasta hoy la frase identifica aquellos diálogos insustanciales, y en particular a los de carácter inoportuno de acuerdo con la realidad vigente.

—“Dormirse en los laureles”: en Roma, la sien de los poetas, de los emperadores y de los más valientes generales era adornada con ramas de laurel, el árbol de Apolo, simulando una corona. La expresión alude hoy a los que hacen méritos, se les reconocen tales méritos y se conforman con llegar hasta allí.

 

—“Dura lex, sed lex”; “Dura es la ley, pero es la ley”, como diría hoy quien advierta que las leyes son para cumplirlas, aunque perjudiquen a alguien.

Y hablando de leyes, se nos acabó el espacio. Acta est fabula. (La historia terminó, por hoy).

Que la palabra te acompañe.


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604733
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América