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¿Será un matrimonio imposible?

“Cada visión del mundo que se extingue, disminuye una posibilidad de la vida” Octavio Paz


En mis tiempos mozos era casi imposible pasar por los veinte años y no identificarse con la rebelión, las revoluciones, las protestas contra los imperios. Pero siempre hubo a quienes les pasó por encima. Imaginaba el comunismo como la única fuerza ideológica capaz de oponerse a las lacras del capitalismo y sus afluentes de miseria e injusticia; el socialismo era el incontenible afán de libertad que acabaría con las estúpidas cacerías de brujas (para qué mencionar a McCarthy), y con los enemigos del pensamiento libre. Para mí, comunismo sonaba a libertad y justicia. El mundo parecía listo a culminar la lucha de clases con un estremecedor grito de batalla: ¡A la lucha proletarios, lo único que podemos perder son las cadenas! ¡Todavía me erizo!

Me tocó ser testigo de naciones que se acorazaron bajo el comunismo (la URSS) y otras que se hicieron a sangre y fuego como China, Corea, Vietnam –ni de a vaina mencionaré el sangriento descalabro de Pol Pot–. Mucho más cerca en el tiempo y la distancia, la radiante y prometedora revolución cubana. En sus primeros dos años me hubiese dejado matar por ella.

Pero el tiempo pasó y los resultados no me convencieron. La culpa no es de los principios ideológicos (los principios nunca son finales y las ideologías son peñones inconmovibles) sino de los que asumieron el poder y decidieron aplicarlo a su manera. Todo parece indicar que ningún sistema reparte riquezas y libertad con equidad.

 

El capitalismo es un sistema económico en el que el capital es dueño y señor. Su poder es utilizado para alquilar trabajo asalariado con las menores concesiones posibles. La plusvalía, diabetes del sistema, es el valor total de la mercancía producida, menos el valor del trabajo del obrero y el costo de los insumos, lo demás al bolso del capitalista. No rechazo esta ganancia, sino la enorme diferencia de los valores.

Por su lado, el socialismo, que implica la pertenencia al Estado de los medios de producción, niega las libertades individuales y persigue a sus disidentes. Eso tampoco da buenos resultados. La burocracia resultó ser la arena movediza de los sistemas de izquierda; así como los obreros son la hernia de las naciones capitalistas.

¿Por qué no matrimoniar los dos sistemas? Soldaríamos lo mejor de cada cual. Quién sabe sería el gobierno que daría mayor felicidad a la mayor cantidad de ciudadanos.

 

¡Vaya celestino que me he vuelto!

¿Será un matrimonio imposible?


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531029
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América