La estadounidense Serena Williams, número uno del mundo, reapareció en la pista central en Indian Wells entre lágrimas, abrumada por el cálido recibimiento de unos seguidores a los que había negado su presencia desde el incidente racista sufrido en California en 2001.
Pensé que había terminado mi carrera en este torneo, pero he recapacitado y quiero escribir un final diferente aquí, proclamó Serena antes de batir por un doble 7-5 a la rumana Monica Niculescu, ayer.