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Si es bueno para el pato…

Aquí hay demasiada gente que ve la viga en el ojo ajeno, sin pararse a pensar en el edificio de sesenta plantas que tiene... Acusan y señalan, aparecen con escobas, gritan y chillan. Y cuando los pillan en las mismas ponen carita de ‘yo no fui...


Lo que le funciona al pato también le funciona a la pata. ¿No sabían eso? Pues ya pueden ir aprendiéndolo.

Lo que no se puede hacer es elevar, a los cuatro vientos, el clamor contra la corrupción pasada, gritar que hay que condenar a los corruptos y luego, dando la callada por respuesta, hacer por la espalda lo mismo que se critica de frente.

No soy ninguna santa. Pero trato de ser coherente con lo que creo que está bien y está mal. El problema es que, en este Panamá nuestro, ser coherente es un insulto: ‘Ella nunca ha cambiado de idea, algo malo ha de tener en la cabeza’.

El nepotismo está mal, así que me importa un culo que tu hijo sea la persona adecuada para ese cargo. Es tu hijo. No puede aceptar el puesto. Me importa un carajo que tú no confíes en nadie más que en tu suegra. Es tu suegra. No puedes nombrarla. Eso es lo que dice la ley.

No me importa si a los que quieres nombrar ahora están preparados y aquellos a los que acusaste antes no lo estaban. Dura lex sed lex. Te jodes.

El ser un sinvergüenza y un corrupto no tiene nada que ver con la cantidad de puntita que metas. No sé si se han dado ustedes cuenta, pero ser un corrupto es como estar embarazada. Nadie puede estar ‘medio preñada’. Nadie puede ser ‘un poquito ladrón’. ¿Robaste? Eres un delincuente.

Aquí hay demasiada gente que ve la viga en el ojo ajeno, sin pararse a pensar en el edificio de sesenta plantas que tiene en el propio. Acusan y señalan, aparecen con escobas, gritan y chillan. Califican y descalifican. Y cuando los pillan en las mismas (o peores) ponen carita de ‘yo no fui’ y dicen: ‘yo sí ¡pero él más!’. O nos dicen que lo hicieron… ¡por amor! (Sí, sí, yo también me quedé patidifusa y ojiplática…)

Este país es un cogenalga. Y lo es porque la gran mayoría piensa de este modo. Sólo actúan mal los otros. Si yo pido un tanto por ciento de cada contrato adjudicado por mi intercesión, no es incorrecto, no, eso lo hacen todos. Si lo hacían ellos era deleznable y cuando lo hago yo no está tan mal porque tengo mis justificaciones, que son mucho mejores que las que tenía el otro, ¡donde va usted a parar! Las mías sí son serias y de peso.

Ya está bien de tanta tomadura de pelo. Aquí se va a terminar dando lo que se ha dado en tantos otros sitios: como no follamos todos, tiramos la puta al río. Patada a la baraja y se acaba el juego reglamentado. Empieza la ley de la selva. Y esa ley, la de la fuerza, la ganan los que, además de no tener conciencia, tampoco tienen escrúpulos para apretar un gatillo.

Esto solo se terminaría si los puestos administrativos y diplomáticos se dieran por oposición. Así de simple: se saca la convocatoria, los que piensen estar calificados aplican, el mejor gana. Y con continuidad. De este modo los funcionarios serán realmente funcionarios del Estado, y no funcionarán siguiendo los dictados del jefe colocado por el gobierno de turno, al que, además, le deben el favor.

Pero para eso tendrían que implementarse políticas de Estado. Y para eso los políticos tendrían que saber lo que significa ‘Estado’. Y para eso tendrían que volver a nacer. Demasiados ‘tendrían’ tendrían que suceder.

Me da a mí que esto no tiene solución. Seguiremos aguantando esta mierda y a los que la cagan.


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973956
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América