“No es un problema del fútbol, es un problema de la sociedad”. Así describió Leonardo Pipino, técnico del San Francisco de La Chorrera, la complicada situación que vivió José Luis “Pistolero” Garcés la tarde noche del último viernes.
Intrahistoria.
Los llamados “monjes” llegaban al estadio del profesor Javier Cruz (Artes y Oficios) con la necesidad de anotar dos goles para, por lo menos, emparejar la serie semifinal frente al Chorrillo (2-0).

El conjunto franciscano contaba con la baja de Roberto “Bombardero” Brown, quien había sido expulsado por tarjeta roja en el cotejo de ida, tras propinarle un cabezazo a un rival (Edward Benítez); además, tampoco estarían presentes Johan de Ávila ni Jeffrey Díaz, dos de los atacantes del onceno rojo, quienes habían sufrido serias lesiones muy temprano en la actual temporada.
Por lo ya mencionado, la apuesta en ataque para Leonardo Pipino debía ser José Luis Garcés.

Sin embargo, algo ocurría. Minutos antes del choque se hacía pública la información de que el apodado “Pistolero” no sería de la partida por llegar tarde al coliseo.
A priori, el aviso no parecía ser nada descabellado. Los diferentes problemas que han envuelto a Garcés durante toda su carrera hacían pensar que el talentoso futbolista volvía a cometer uno más de sus muchos actos de indisciplina.

Empero, durante el transcurso del partido, un rumor empezó a sonar, cada vez con más fuerza, en los corrillos: “José Garcés había sido amenazado de muerte si jugaba ante Chorrillo”, era la versión que sostenían las diferentes personas que se encargaban de divulgar lo ya mencionado.
El partido transcurrió con normalidad y, en el último minuto de los tiempos extras, Chorrillo selló su boleto a la final (marcador global de 3-2) con una anotación de Luis Ovalle.

La alegría del fútbol en su máximo esplendor se percibía en los fanáticos amarillos, que veían cómo los suyos se metían por segunda temporada consecutiva a la final de la Liga Panameña de Fútbol (LPF).
Pero, más allá, la duda de lo ocurrido con Garcés había quedado en el aire.
Pipino lo aclara todo.
Al día siguiente (ayer), 10 Deportivo conversó con Leonardo Pipino, quien, en efecto, confirmó que el ariete había recibido una amenaza vía celular, pero negó que las personas que contactaron a Garcés lo hicieran con la intención de que este no jugara el duelo.
“Garcés tuvo una tarde complicada. A él lo llamaron para amenazarlo, diciéndole que si llegaba a la cancha, su integridad correría peligro”, mencionó el estratega argentino, quien aclaró que la única prueba que tenía era el testimonio del jugador.
Siguiendo con la entrevista, Pipino quiso explicar que lo de Garcés no es un tema relacionado al fútbol, sino a la sociedad.
“Esto es un problema de la sociedad, no del fútbol. En el deporte se trabaja para que la gente no esté involucrada en este tipo de cosas, para que sea una vía de escape; creo que es mínimo el número de atletas que se ven involucrados en situaciones como esta”, dijo Pipino a 10 Deportivo.
Más adelante, el preparador de los “monjes” señaló que, a pesar de que ya sabían lo de Garcés, el equipo nunca sintió miedo.
“Tengo que resaltar el muy buen partido que se jugó en el Artes y Oficios y también el buen comportamiento de ambas barras. A pesar de lo que sabíamos nunca tuvimos temor de nada. Al final del partido salimos caminando con tranquilidad; no hubo problemas. Incluso, yo caminé un par de cuadras hasta la casa de mi hermana, que vive cerca del estadio”, comentó el técnico.
Más seguridad.
El director del San Francisco aprovechó también para mandar un mensaje claro: “Hace falta más seguridad”.
“Considero que en algunos estadios de Panamá no se debería jugar al fútbol. Un ejemplo de esto es el “Cascarita” Tapia, debido a que allí uno está de espalda a la cerca y si alguien te quiere hacer daño, no tendría ningún problema para realizar su cometido. Para mí, se debería anular el ‘Cascarita’... no se puede jugar fútbol allí”, expresó.
Y, antes de cerrar con los cuestionamientos, Pipino volvió a tocar el tema de Garcés, confesando que el mismo fue algo inherente al futbolista.
“Lo que sucedió con José Luis Garcés es inherente a él. Él recibió una amenaza por teléfono porque tiene un familiar que, aparentemente, no tiene una conducta correcta”, selló el estratega argentino.