Un triunfo absoluto del presidente Alberto Fujimori en las elecciones del 9 de abril sólo será posible mediante un "gran fraude" que provocaría un "desbordamiento popular", afirmó ayer el candidato presidencial peruano Alejandro Toledo.
Toledo dijo que una "prestigiosa universidad privada que se negó a identificar, ha realizado en los últimos días una encuesta en la que él está 10 puntos por encima de Fujimori, aunque no precisó las cifras ni si el sondeo fue hecho a nivel nacional.
En declaraciones a la prensa extranjera, Toledo mantuvo que se está preparando un "fraude electrónico" y que el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) "ha montado dos centros informáticos similares a los de la ONPE (Oficina Nacional de Procesos Electorales), encargada de procesar los votos en la elección.
"Tengo información fidedigna al respecto, como los lugares donde están ubicados esos centros, pero no puedo adelantar nada hasta verificarlo", afirmó el candidato del partido Perú Posible.
"Para que Fujimori gane con más del 50 por ciento el 9 de abril tendría que haber un fraude grotesco, y en ese caso se produciría un desbordamiento popular de consecuencias impredecibles", agregó.
Tras recordar unas manifestaciones que esta semana frustraron dos mítines de la coalición de Gobierno, Perú 2000, en las ciudades de Huaraz y Cusco, Toledo dijo que "hay un alto grado de polarización" y que ello le hace creer que puede haber "un estallido social, si hay fraude".
Sostuvo igualmente que si Fujimori es elegido presidente en unas elecciones que resulten fraudulentas, será un presidente sin legitimidad, se retirarán las inversiones, la economía se verá afectada y tendremos un país mucho más sangrante.
Toledo manifestó que en ese caso él "sería el primero en liderar la revuelta popular" y que lo haría "junto a todos los partidos políticos democráticos", con los cuales también se mostró dispuesto a hacer un Gobierno de "unidad nacional".
El candidato de Perú Posible pidió a las Fuerzas Armadas que "no participen, que no sean cómplices" del probable fraude que, a su juicio, se dará el 9 de abril.
"Sé de la enorme presión, del chantaje que están sufriendo ahora, pero también sé que nuestros militares tienen puesta la camiseta de Perú, que va más allá que Fujimori", agregó.
Pese a su aparente seguridad de que en los comicios del domingo habrá un fraude, Toledo dijo que se mantendrá en la batalla electoral y que lo hará porque "así lo hizo David contra Goliat".
Las principales empresas encuestadoras indican que Fujimori ganará el domingo con un 40 por ciento del voto popular, y Toledo obtendrá alrededor del 30 por ciento. Esto obligaría a una segunda vuelta porque la Constitución dice que el ganador debe obtener la mitad más uno de los sufragios válidos.
Toledo puso en duda la objetividad de las empresas encuestadoras al afirmar que el dueño de una de ellas, al que tampoco identificó, "se reunió" con el asesor principal del SIN, Vladimiro Montesinos, para manipular los sondeos.
En cuanto a las relaciones que tendría un posible Gobierno suyo con los militares, manifestó que mantendrá la actual ley que faculta al jefe de Estado para designar a los comandantes generales de las tres fuerzas armadas y de la policía nacional.
Evitó, por otro lado, precisar si destituirá al actual asesor principal del SIN, al afirmar que no se puede adelantar a los hechos y que "deben dejarme que yo nombre a mi propio Montesinos".
Toledo asumió una nueva posición frente al caso del empresario Baruch Ivcher, al señalar que si un gobierno suyo afronta el tema lo hará "siendo ante todo respetuoso de la propiedad privada y de la independencia de los poderes".
Hasta ahora, Toledo había abogado porque se devuelva la nacionalidad peruana a Ivcher sin condición alguna.
El actual Gobierno canceló la nacionalidad peruana de Ivcher en 1997, tras lo cual el empresario israelí, nacionalizado peruano en 1984, perdió el control de la cadena de televisión Frecuencia Latina, que se había vuelto muy crítica con los militares y el régimen.
Finalmente, Toledo reiteró que si gana las elecciones reactivará la economía sin alterar la disciplina fiscal, sin afectar las reservas internacionales y sin tomar decisiones unilaterales frente a los organismos financieros multilaterales y los acreedores.
También reiteró que continuará las reformas estructurales iniciadas por Fujimori, como la privatización, y que cumplirá su promesa de aumentar los sueldos y bajar los impuestos sin afectar el equilibrio presupuestario.